En la vida de una persona
existen proyectos de diversos tipos: los hay de corta, mediana
y larga duración; con diferentes niveles de compromiso entre los
participantes; con distinta necesidad de seguimiento; y con diverso impacto
en la vida personal. Los hay más personales, que dependen
exclusivamente del individuo, y los hay comunes, que necesitan de
la colaboración de todas las partes para salir adelante.
Un tipo de proyecto muy particular que abarca toda la
vida con todas sus dimensiones, en el que se pone
en juego la felicidad de los implicados, es el matrimonio.
Este proyecto común entre dos, es el más personal que
puede haber para un hombre y una mujer, y
repercute no sólo en sus propias vidas, sino que da
pie a la célula básica de la sociedad: la familia.
Este proyecto por su dinámica propia, genera nuevos proyectos comunes
para los esposos.
La formación de los hijos es
uno de estos proyectos comunes que surgen naturalmente del matrimonio.
El traer un hijo al mundo es tarea de dos,
como lo es el prepararlo para la vida. Este nuevo
proyecto, que se llama hijo, necesita de la presencia y
apoyo de sus dos progenitores para desarrollarse de manera adecuada
hasta que esté en condiciones de hacerse protagonista de su
propia vida. El hijo nace necesitado de todo: de
cariño, de alimento, de cobijo, de protección,… de todo, y
es incapaz de satisfacer por sí mismo estas necesidades. Su
gran seguridad está en sus papás. Si alguno de ellos
le falla, su desarrollo se verá afectado.
Las estadísticas
hablan por sí solas. En el Reino Unido, el 70%
de los jóvenes delincuentes proceden de “familias” monoparentales. Los niños
que crecen en este tipo de ambiente tienen el doble
de posibilidad de sufrir desórdenes mentales que aquellos que viven
con sus dos padres. Las adolescentes que provienen de hogares
sin padre o que fueron hijas de adolescentes, tienen una
mayor probabilidad de repetir el mismo patrón convirtiéndose en madres
solteras a corta edad.
(1) La sociedad paga
un alto precio cuando ambos padres no se corresponsabilizan de
la educación de sus hijos.
Lo que un
niño necesita para crecer sanamente (en todas sus dimensiones: cuerpo
sano, mente sana, etc) es principalmente cariño, constancia y estabilidad.
Y es precisamente en la familia fundada en el matrimonio
de los padres donde se pueden encontrar estas características.
Cariño: Este es uno de los componentes más necesarios
para el desarrollo físico-afectivo de un niño pequeño y para
el desarrollo afectivo de la persona en cualquier otra etapa
de la vida. El hijo no sólo necesita del amor
de cada padre, sino que además necesita del amor de
ambos padres entre sí. Necesita sentirse fruto de un gran
amor. Necesita de una madre que se sepa y sienta
querida y aceptada, al igual que de un padre enamorado
y respetuoso de su mujer. De estas relaciones, el hijo
aprende de forma espontánea la manera de amar a los
demás. Toda esta dinámica fortalece la seguridad personal afectiva del
hijo. Si lo pusiéramos en números se vería más claramente:
Si le diéramos el valor de 5puntos al
amor de cada uno de los padres (a y b),
tenemos que un hijo que vive únicamente con uno de
sus progenitores sin tener contacto con el otro recibe 5
puntos de amor.
a = Amor de
la madre = 5
b = Amor del padre =
5
Si este hijo tiene un poco más de suerte y
cuenta con el amor de cada uno, aunque ellos vivan
separados, podríamos decir que recibe 10 puntos de amor (c).
c = Amor de la madre (5) + amor
del padre (5) = 10
Ahora bien, el amor de
la madre se ve potenciado por el amor que ella
recibe del padre, pues ve en el hijo una muestra
constante de ese sentirse amada y una manera de manifestar
su amor a su marido, además de la seguridad y
serenidad personal que da el saberse amada, con lo que
serían 25 puntos (d), aplicándose lo mismo al amor del
padre potenciado por el amor que recibe de la esposa,
otros 25 puntos (e).
d = Amor de
la madre (5) potenciado por el amor del padre (5)
= 25
e = Amor del padre (5) potenciado
por el amor de la madre (5) = 25
Ahora
bien, la relación entre el padre y la madre (f)
añade en sí misma al ambiente de acogida, de seguridad
y de cariño del hogar, (25 puntos).
f
= Amor entre el padre (5) y la madre (5)
= 25
Por lo que un hijo que cuente con
el amor potenciado de cada uno de sus padres (d
+ e), más el amor de sus padres entre sí
(f), recibirá 75 puntos de amor, contra los 5 o
10 puntos que el niño que no cuente con esa
dinámica familiar.
d (25) + e (25) + f
(25) = 75
Pongamos ahora el caso de
una viuda, por ejemplo, que se sabía amada pero que
por desgracia perdió al esposo. Su hijo cuenta con los
25 puntos del amor de su madre potenciado por el
amor de su marido difunto (d) (pues ella no se
sintió ni usada ni traicionada, lo que es muy diferente
en caso de ciertas separaciones). Además, es muy probable que
el hijo conserve entre los 5 ó 25 puntos del
amor potenciado del padre, dependiendo, de los recuerdos que tenga
y de la manera como la madre le haga saber
el gran amor que su padre le tenía. Pongamos para
ser realistas unos 15 puntos (e-). Este niño recibirá unos
40 puntos de amor, por así decirlo, es decir, estará
mucho mejor equipado afectivamente para la vida que uno que
vivió en un ambiente en el que nunca existió una
relación más estable entre sus padres.
d (25) +
e- (15) = 40
Constancia y estabilidad: Estas
juegan un papel muy especial en todo proceso educativo. No
se adquiere ningún tipo de hábito sin la constancia. La
presencia constante de los dos padres en la familia resulta
una pieza clave para el desarrollo del hijo. No es
lo mismo formar al hijo a diario, que hacerlo solo
durante los fines de semana. No es lo mismo para
el hijo recibir el mismo tipo de formación por parte
de ambos padres, que el estar expuesto a un tipo
de lunes a viernes, y otro muy distinto los sábados
y los domingos. Lo que uno tarda en construir entre
semana, el otro lo destruye en un par de días
y viceversa.
Cada hijo es ciertamente un proyecto común
de muy largo plazo que exige gran dedicación por parte
del padre y de la madre, pero un proyecto que
se puede convertir en el punto de encuentro y unión
entre ambos, y que puede dar sentido a ese otro
primer proyecto que no hay que descuidar, que es el
matrimonio. Del éxito o del fracaso de este proyecto, dependerá
en gran medida la felicidad de toda la familia. Todo
esfuerzo que dediquemos a este proyecto será en beneficio no
solo de los hijos, sino también de la familia y
de la sociedad.
Liliana Esmenjaud