La educación de los hijos: un proyecto de dos.
(Por Liliana Esmenjaud, Colaboradora de Mujer Nueva, 2010-06-25)
En la vida de una persona existen proyectos de diversos tipos: los hay de corta, mediana y larga duración; con diferentes niveles de compromiso entre los participantes; con distinta necesidad de seguimiento; y con diverso impacto en la vida personal. Los hay más personales, que dependen exclusivamente del individuo, y los hay comunes, que necesitan de la colaboración de todas las partes para salir adelante.
 
Un tipo de proyecto muy particular que abarca toda la vida con todas sus dimensiones, en el que se pone en juego la felicidad de los implicados, es el matrimonio. Este proyecto común entre dos, es el más personal que puede haber para un hombre y una mujer, y repercute no sólo en sus propias vidas, sino que da pie a la célula básica de la sociedad: la familia. Este proyecto por su dinámica propia, genera nuevos proyectos comunes para los esposos.

La formación de los hijos es uno de estos proyectos comunes que surgen naturalmente del matrimonio. El traer un hijo al mundo es tarea de dos, como lo es el prepararlo para la vida. Este nuevo proyecto, que se llama hijo, necesita de la presencia y apoyo de sus dos progenitores para desarrollarse de manera adecuada hasta que esté en condiciones de hacerse protagonista de su propia vida. El hijo nace necesitado de todo: de cariño, de alimento, de cobijo, de protección,… de todo, y es incapaz de satisfacer por sí mismo estas necesidades. Su gran seguridad está en sus papás. Si alguno de ellos le falla, su desarrollo se verá afectado.

Las estadísticas hablan por sí solas. En el Reino Unido, el 70% de los jóvenes delincuentes proceden de “familias” monoparentales. Los niños que crecen en este tipo de ambiente tienen el doble de posibilidad de sufrir desórdenes mentales que aquellos que viven con sus dos padres. Las adolescentes que provienen de hogares sin padre o que fueron hijas de adolescentes, tienen una mayor probabilidad de repetir el mismo patrón convirtiéndose en madres solteras a corta edad. (1) La sociedad paga un alto precio cuando ambos padres no se corresponsabilizan de la educación de sus hijos.

Lo que un niño necesita para crecer sanamente (en todas sus dimensiones: cuerpo sano, mente sana, etc) es principalmente cariño, constancia y estabilidad. Y es precisamente en la familia fundada en el matrimonio de los padres donde se pueden encontrar estas características.

Cariño: Este es uno de los componentes más necesarios para el desarrollo físico-afectivo de un niño pequeño y para el desarrollo afectivo de la persona en cualquier otra etapa de la vida. El hijo no sólo necesita del amor de cada padre, sino que además necesita del amor de ambos padres entre sí. Necesita sentirse fruto de un gran amor. Necesita de una madre que se sepa y sienta querida y aceptada, al igual que de un padre enamorado y respetuoso de su mujer. De estas relaciones, el hijo aprende de forma espontánea la manera de amar a los demás. Toda esta dinámica fortalece la seguridad personal afectiva del hijo. Si lo pusiéramos en números se vería más claramente:

Si le diéramos el valor de 5puntos al amor de cada uno de los padres (a y b), tenemos que un hijo que vive únicamente con uno de sus progenitores sin tener contacto con el otro recibe 5 puntos de amor.

a = Amor de la madre = 5

b = Amor del padre = 5
Si este hijo tiene un poco más de suerte y cuenta con el amor de cada uno, aunque ellos vivan separados, podríamos decir que recibe 10 puntos de amor (c).
c = Amor de la madre (5) + amor del padre (5) = 10

Ahora bien, el amor de la madre se ve potenciado por el amor que ella recibe del padre, pues ve en el hijo una muestra constante de ese sentirse amada y una manera de manifestar su amor a su marido, además de la seguridad y serenidad personal que da el saberse amada, con lo que serían 25 puntos (d), aplicándose lo mismo al amor del padre potenciado por el amor que recibe de la esposa, otros 25 puntos (e).

d = Amor de la madre (5) potenciado por el amor del padre (5) = 25

e = Amor del padre (5) potenciado por el amor de la madre (5) = 25

Ahora bien, la relación entre el padre y la madre (f) añade en sí misma al ambiente de acogida, de seguridad y de cariño del hogar, (25 puntos).

f = Amor entre el padre (5) y la madre (5) = 25

Por lo que un hijo que cuente con el amor potenciado de cada uno de sus padres (d + e), más el amor de sus padres entre sí (f), recibirá 75 puntos de amor, contra los 5 o 10 puntos que el niño que no cuente con esa dinámica familiar.
d (25) + e (25) + f (25) = 75

Pongamos ahora el caso de una viuda, por ejemplo, que se sabía amada pero que por desgracia perdió al esposo. Su hijo cuenta con los 25 puntos del amor de su madre potenciado por el amor de su marido difunto (d) (pues ella no se sintió ni usada ni traicionada, lo que es muy diferente en caso de ciertas separaciones). Además, es muy probable que el hijo conserve entre los 5 ó 25 puntos del amor potenciado del padre, dependiendo, de los recuerdos que tenga y de la manera como la madre le haga saber el gran amor que su padre le tenía. Pongamos para ser realistas unos 15 puntos (e-). Este niño recibirá unos 40 puntos de amor, por así decirlo, es decir, estará mucho mejor equipado afectivamente para la vida que uno que vivió en un ambiente en el que nunca existió una relación más estable entre sus padres.
d (25) + e- (15) = 40

Constancia y estabilidad: Estas juegan un papel muy especial en todo proceso educativo. No se adquiere ningún tipo de hábito sin la constancia. La presencia constante de los dos padres en la familia resulta una pieza clave para el desarrollo del hijo. No es lo mismo formar al hijo a diario, que hacerlo solo durante los fines de semana. No es lo mismo para el hijo recibir el mismo tipo de formación por parte de ambos padres, que el estar expuesto a un tipo de lunes a viernes, y otro muy distinto los sábados y los domingos. Lo que uno tarda en construir entre semana, el otro lo destruye en un par de días y viceversa.

Cada hijo es ciertamente un proyecto común de muy largo plazo que exige gran dedicación por parte del padre y de la madre, pero un proyecto que se puede convertir en el punto de encuentro y unión entre ambos, y que puede dar sentido a ese otro primer proyecto que no hay que descuidar, que es el matrimonio. Del éxito o del fracaso de este proyecto, dependerá en gran medida la felicidad de toda la familia. Todo esfuerzo que dediquemos a este proyecto será en beneficio no solo de los hijos, sino también de la familia y de la sociedad.

Liliana Esmenjaud
 
 
 
     
 
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