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| Una de las claves del éxito profesional: equilibrar trabajo y hogar
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| (Por Carlota de Barcino, Mujer Nueva,
2010-08-06)
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El libro, con un título
tan llamativo como “Los siete secretos de la mujer de
éxito”, al momento captó mi atención. Su autora muestra bastante
experiencia en temas de organización empresarial relacionada con la mujer
[1]. Después de varios estudios y entrevistas a mujeres con
puestos de alta responsabilidad en el mundo empresarial, reconoce siete
elementos comunes que las han conducido al éxito.
Enunciaré cada uno de esos elementos, deteniéndome en aquél
que más me llamó la atención, y el único no
estrictamente relacionado con la dinámica organizativa de una empresa.
El libro recomienda a la empresaria tener un mentor
o tutor en la empresa, que la forme, la apoye
y aconseje, indicando el camino y los obstáculos con que
se encontrará en el desarrollo de su trabajo. En segundo
lugar, que su trabajo sea visible, que desarrolle iniciativas abiertamente,
mostrando con naturalidad su preparación. Otro de los secretos es
desarrollar una red de trabajo efectiva, lo que significa establecer
contactos con personas que puedan enriquecer nuestro trabajo, o con
las que se pueda mantener cualquier tipo de colaboración o
intercambio de información. La cuarta clave es saber comunicarse con
efectividad (con los cargos superiores, los compañeros del departamento, en
juntas de trabajo y negociaciones). Asimismo, es preciso desarrollar la
capacidad de asumir riesgos inteligentes y comprender las políticas de
la organización donde se trabaja.
Sin embargo, quien
es capaz de poner en práctica todos estos elementos, todavía
no puede ser considerado una persona de éxito en los
términos en que la autora lo presenta. Falta un requisito
fundamental, que relaciona la eficacia en la empresa con la
vida personal: el equilibrio entre trabajo y familia. Dos son,
en mi opinión, los pasos que hay que dar para
conseguirlo: primero, reconocer que el trabajo no lo es todo,
y que necesitamos disfrutar del tiempo libre; segundo, que la
familia es, a la vez, fuente de ocio y de
obligaciones, y que ambos aspectos deben ser compartidos por la
pareja. Si se dan estos dos pasos, hombres y mujeres
disfrutaremos de la familia como nuestro mejor tiempo de ocio.
Con relación al primer paso (la necesidad
del tiempo libre), en una entrevista realizada por la
revista Men’s Health [2] acerca del equilibrio entre vida privada
y profesional, un gran número de hombres se quejaban de
tener que hacer auténticos actos de malabarismo para conciliar el
trabajo y el tiempo libre. Comentando este tema un grupo
de mujeres, se rieron... ¿Tiempo libre? Eso ni siquiera entraba
en sus actos de malabarismo... ¡Las responsabilidades diarias relacionadas con
el hogar y los hijos, absorbían toda su dedicación fuera
del tiempo de trabajo!
Ciertamente, los hombres empiezan
a mostrar una mayor tendencia a lo que en Estados
Unidos se conoce como “downshifting”. Especialmente los ejecutivos de nivel
superior e intermedio, se dan cuenta de que los horarios
exhaustivos de trabajo, la tensión continua por ganar más éxito
y dinero, la competencia feroz con sus compañeros, no les
hacen felices. Y a menudo optan por una mejor calidad
de vida que les permita recuperar el tiempo dedicado a
su familia, a actividades creativas, o al simple disfrute de
la naturaleza, aunque ello conlleve reducir el ritmo de vida
y ciertas comodidades a que estaban acostumbrados. Y declaran disfrutar
más un picnic que una cena en el restaurante más
lujoso de la ciudad, el turismo rural en lugar de
un crucero por el Caribe, la compañía de sus hijos
en vez de esas largas veladas con compromisos profesionales.
Así pues, la calidad de vida no siempre se
mide por el nivel de bienestar material de que dispongamos.
También es la capacidad de realizar actividades con el simple
fin de disfrutarlas (o de disfrutarlas en compañía de las
personas más queridas) [3]. Jugar con los niños, hacer deporte,
bordar, pintar, cocinar, leer, pueden reducir la tensión, la ansiedad
y la frustración; llevan a relaciones más saludables, a mayor
creatividad y confianza; a desarrollar con naturalidad nuestra personalidad, siempre
y cuando no nos tomemos todo como un reto o
como un deber más. Conozco mucha gente que tiene dificultades
para hacer algo que le parece “improductivo” y sin resultados
cuantificables que justifiquen el tiempo dedicado.
Pero, ¿qué pasa
con la mujer? Mientras los hombres empiezan a buscar ese
tiempo libre, ellas piden horarios flexibles de trabajo, no para
disfrutar de la lectura, el deporte o la naturaleza, ni
siquiera para disfrutar de la familia; parece bastarles el tiempo
suficiente para poder atender las necesidades de sus hijos, de
su casa y de su marido: la compra, las citas
en el colegio, la visita al médico... Realmente, no parece
que hombres y mujeres tengamos las mismas aspiraciones, y sin
embargo, el ocio resulta indispensable para el éxito, no sólo
como profesional, sino también, como madre y esposa.
Las
mujeres de hoy nos estamos convirtiendo en los hombres de
las generaciones pasadas: sufrimos más ataques cardíacos, fumamos más, tenemos
más depresiones, y experimentamos una mayor tensión en todos los
aspectos de nuestra vida. Precisamente, porque todo en nosotras está
relacionado: mi rendimiento en el trabajo desciende cuando sé que
mi hijo está en cama con fiebre en manos de
una niñera, o que en ese momento está actuando en
la representación teatral del colegio y me busca entre el
público; y sufro cuando tengo que salir de viaje varios
días y sólo podré escuchar el relato diario de sus
actividades escolares por teléfono, sin poder ayudarle con los deberes...
El primer paso para solucionar esta situación, ya
lo ha dado un gran número de hombres, que reconocen
que el trabajo no lo es todo, y que la
vida debe disfrutarse más. ¡Estupendo! Por el contrario, para que
una madre se lo llegue a plantear, es necesario que
el hombre, una vez reajustados sus horarios para permitirse mayor
tiempo libre, lleve a cabo en este tiempo una parte
de las obligaciones familiares que, hasta ahora, han recaído casi
exclusivamente en la mujer. Y ése es el segundo paso
que todavía muchos hombres no han dado.
Sé que
la mayoría de las lectoras desearían que sus hijos las
vieran más a menudo disfrutando con ellos, y menos, trabajando
en la casa o exigiéndoles sus deberes. Pero, ¿cómo hacerlo?
Mi primera respuesta sería: programa tu semana junto a tu
marido, de modo que el tiempo fuera del horario laboral
esté equitativamente repartido (o, mejor, compartido: hacer las tareas domésticas
a la vez, permite poder disfrutar del ocio simultáneamente).
He aquí el segundo paso: compartiendo las responsabilidades familiares,
hombre y mujer podremos disfrutar en familia ese tiempo libre
que descansa, renueva y equilibra a la persona.
Por otra parte, si es cierto que nuestra familia necesita
que se le dedique el tiempo libre, a veces puede
llegar a necesitarnos en el horario de trabajo. ¿Qué hacer
en esos casos? El libro ofrece una respuesta muy sencilla:
reconoce que necesitas ayuda, y hazlo saber en tu entorno
laboral.
A las mujeres nos cuesta especialmente reconocer
que no podemos con todo lo que se nos encomienda,
y callamos para evitar dar la impresión de incompetencia o
falta de experiencia. Así pues, lo primero es aprender a
pedir ayuda (en el caso de puestos de base o
intermedios) o delegar de manera efectiva (en los cargos directivos).
Una característica común de todas las madres ocupando
con éxito puestos directivos es su capacidad para delegar, estableciendo
muy bien las líneas de actuación y supervisando con eficacia.
Otra, es que han determinado bien sus prioridades. El libro
narra ejemplos de ejecutivas de muy alto nivel en multinacionales,
cuya prioridad número uno es la familia, y manifiestan abiertamente
sus ausencias por temas familiares, negociando eficazmente una flexibilidad que
les permita trabajar por resultados o recuperar de otro modo
ese tiempo. Y sus empresas les apoyan. Ciertamente, han sabido
ganarse esa confianza y su valía profesional es reconocida.
Las mujeres en cargos no directivos, también necesitan a menudo
tomar algún tiempo de trabajo por causa de la familia.
Es necesario establecer una comunicación fluida con el jefe. Si
éste pertenece al cada vez más reducido grupo de empresarios
que no reconocen la importancia de la familia, pueden surgir
situaciones difíciles. Sería muy útil discutir el tema, de manera
que se puedan hacer arreglos alternativos por adelantado (programar la
agenda para llegar más temprano, trabajar tarde, o incluso llevar
trabajo a casa en ciertos casos).
Si los
directivos masculinos, en la recta final de su carrera profesional,
empiezan a decir que se arrepienten de no haber pasado
más tiempo con su familia, ¿vamos a esperar a estar
en la misma situación para constatarlo? ¡Aprendamos de los errores
de nuestros compañeros, y empecemos ya mismo a marcar esas
prioridades! Y, por favor, ¡dejemos de ver nuestra maternidad como
un cúmulo de responsabilidades y consideremos el tiempo con la
familia como el más satisfactorio de todos los que conforman
nuestra jornada!
Si honestamente constatamos que el tiempo libre
que nos queda al final de la jornada laboral es
excesivamente reducido, o que no contamos con la flexibilidad suficiente
para atender necesidades familiares, entonces deberíamos plantearnos: ¿Es la familia
mi prioridad? ¿Estoy dispuesta a detenerme en el umbral del
cargo directivo, a cambio de más tiempo de calidad fuera
del trabajo? ¿Soy consciente del valor de una persona que
aporte serenidad y equilibrio al crecimiento de los hijos y
la vida de pareja? [4]
Hace unos años, tras
un grave terremoto en Los Ángeles, la mayoría de las
carreteras de acceso a la ciudad quedaron seriamente dañadas. Como
consecuencia, el trabajo a distancia se convirtió en una necesidad
instantánea. Las empresas no tuvieron tiempo de realizar estudios de
factibilidad, y el cambio de organización se llevó a cabo
de un día a otro. Sorprendentemente, un gran número de
empresas se dieron cuenta de que su productividad no disminuyó.
De hecho, muchos de sus empleados prefirieron este estilo de
trabajo y mostraron su viabilidad.
La lengua china
es muy sabia: crisis y oportunidad son la misma palabra.
Aprovechemos la crisis de tantos trabajadores masculinos que, al final
de carreras llenas de éxito, vuelven su mirada y lamentan
tantas horas robadas a esos hijos que ya son padres
y madres y que, recordando la ausencia de su padre,
se han propuesto no reproducir esas pautas. ¿Tendremos que esperar
muchos años para llegar a la misma conclusión? ¿Contaremos con
la ayuda de los hombres –en el trabajo y en
el hogar- para que la familia sea nuestra mayor fuente
de satisfacción? De nosotras depende: establezcamos prioridades y defendámoslas.
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NOTAS
[1]“Los siete
secretos de la mujer de éxito”, de Donna y Lynn
Brooks, Editorial McGraw-Hill, 1997. La autora es experta en desarrollo
de adultos y organizacional, y vicepresidenta ejecutiva en EEUU de
la European Women’s Management Development Network, con sede en Bruselas.
[2] Men´s Health Magazine, 8 (3), 8
(1995).
[3] P. Roberts: “The art of goofing off”,
Psychology Today, 28 (4), 1996.
[4] A. McGee-Cooper: “You
don´t have to go home from work exhausted”, Bantam, New
York 1990.
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