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| Maternidad inteligente es maternidad natural
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| (Por Nieves García, Colaboradora de Mujer Nueva,
2010-07-14)
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El ser humano es un
extraordinario trapecista. La Historia de la humanidad se asemeja a
un circo. Parece que según pasa el tiempo, el slogan
“Señores, más difícil todavía” se hace realidad. Lo más difícil
se consigue acercándose a los límites entre lo posible y
lo imposible. Ahora es el tiempo de la mujer, y
como acróbata no lo hace nada mal.
Hace
un tiempo Jennifer Roback, economista neofeminista, e investigadora de la
Universidad de Standford publicaba un libro titulado “Amor y economía”,
dónde reflejaba de alguna manera su experiencia personal. Se cansó
de profesionalizar su hogar (niñeras, guarderías…) y, al mismo tiempo,
deshumanizar su puesto de trabajo, en el que debía esconder
su papel de madre. Ella misma dice “Ahora he humanizado
mi trabajo: ¡sí, soy madre y voy a irme antes
porque a la niña le están saliendo los dientes este
mes! ¡¡¡¡Qué pasa!!!! Y he desprofesionalizado mi hogar: en vez
de una niñera o de una guardería, ahora mis dos
hijos tienen una madre de verdad”. En otras palabras se
cansó de la profesión de acróbata e hizo una elección
biológicamente responsable.
Es de sabios conocer la naturaleza para
aliarse con ella y sacarle el mejor partido. Los mejores
años para que una mujer sea madre son los de
su juventud. Su cuerpo y su psicología están dispuestos para
realizar con éxito un juego complicado, el de la maternidad,
del que dependerá también la humanización de sus hijos. La
maternidad se inicia en el momento de la concepción y
no finaliza en el momento de dar a luz. Justo
a partir de ese momento esa pequeña criatura dependerá no
sólo físicamente, sino también afectivamente, de la cercanía y del
trato que se establezca con su madre. No es justo
engendrar un hijo, para convertirlo en un huérfano por horas,
o en un producto de alquiler en brazos ajenos. Aceptar
la realidad de la propia biología y vivirla con naturalidad
es lo más inteligente.
Identificarse con la realidad
de ser madre es un arte, pero un arte natural.
Hoy día, son muchas las mujeres que están cansadas de
los juegos de equilibrio para mantener una profesión y atender
a sus hijos. Se ponen nerviosas cuando están en el
trabajo y les llaman de su casa para decir que
el niño tiene fiebre; se tensan cuando en la oficina
el trabajo se alarga, y no dejan de ver el
reloj sabiendo que sus hijos están solos. Las citas con
el médico de los niños son una tortura si sólo
atienden en horario de trabajo, las guarderías que les gustan
son muchas veces privadas y caras, o están lejos de
la casa y del trabajo; dejar los niños con alguna
de las abuelas les inquieta porque saben que los niños
no paran un momento, y una mujer mayor no tiene
los mismos reflejos… Los índices de estrés y tensión son
altos. Esto nos lo pueden confirmar los psicólogos, que tienen
en sus listas de pacientes una buena cantidad de mujeres,
con el mismo perfil: joven profesional, y madre.
No
todas las mujeres actualmente pueden elegir con inteligencia ser madres
cuando ellas lo desean. En ocasiones, la necesidad de aportar
al hogar un sueldo es la que obliga a la
espera; pero más a menudo son las creencias, ya arraigadas
en el colectivo inconsciente, las que le hacen retrasar su
maternidad o sencillamente no entregarse a ella con toda su
persona. Ideas como: “es una pérdida de tiempo estudiar una
carrera para después cuidar niños”, “Tienes que trabajar porque es
injusto que dependas económicamente de tu marido; tienes que ganar
tu propio dinero”… Utilitarismo, materialismo, individualismo… nunca asfixiarán la felicidad
profunda que tiene una madre cuando puede darse con todo
su ser al hijo que ama. El cuidado de un
ser humano no es una profesión, es una forma de
vida que no tiene precio, y de la que depende
la humanización misma de la sociedad.
Habría también que
cuestionarse sobre las profesiones que piden absolutamente todo entre los
25 y los 40 años, como por ejemplo el mundo
académico o el de la empresa. Es absurdo escuchar a
una mujer que diga, tengo dos carreras, un doctorado y
un hijo. ¡Un hijo es un ser humano no se
puede enlistar como si fuera un título más! Lo mismo
sucede en muchas empresas en que sólo se contrata antes
de los 30. ¿Y después? ¿Acaso la persona rinde menos?
Seamos sinceros, les sale más económico porque el sueldo que
tienen que pagar a un joven siempre será menor que
el del profesional con experiencia.
Estoy convencida de que
existen otros caminos alternativos para que las mujeres puedan realizarse
intelectual, profesionalmente, y tengan la libertad de elegir su maternidad
en el tiempo que biológicamente les ofrece la naturaleza. Somos
las mismas mujeres las que hemos de pensar y crear
nuevos estilos profesionales, donde se pueda conciliar la maternidad no
sólo con un horario flexible de trabajo, sino incluso con
un calendario de años flexible, por ejemplo. ¿Se atrevería alguien
a contratar a una mujer a los 21 años, ofrecerle
a los 26 que forme una familia y se entregue
a sus hijos, y esperarla…por ejemplo hasta los 35 o
40? ¡Que locura! Posiblemente este tipo de ideas lo sean,
pero más locura es seguir negándole a la madre lo
que por naturaleza tiene derecho a vivir ella, su esposo
y sus hijos.
Conozco mujeres de 40 años
en adelante, que después de haberse entregado íntegramente a su
maternidad, cuando sus hijos comienzan a volar, han iniciado unos
estudios universitarios, y han llegado a desarrollar una inteligente carrera
profesional. La edad promedio cada vez crece más en los
países del primer mundo. Trabajar de los 40 a los
75 no está nada mal. Y además pudiendo aportar todo
lo aprendido en humanidad. Una mujer-madre sabe mucho mejor que
otra, como manejar tensiones, entender a quien no sabe comunicarse,
esperar a quien aún no despunta pero es potenciable, y
levantar el ánimo del que fracasa. El día que las
empresas se atrevan a apostar de verdad por el ser
humano, sabrán valorar la maternidad, la respetarán, la fomentarán y
contarán en sus filas a mujeres que fueron madres, para
que les ayuden a seguir humanizando su empresa y su
mundo.
La mujer que puede y quiere elegir
lo biológicamente más responsable en orden a su maternidad es
también una mujer inteligente; la profesión se puede reconquistar pero
no las cualidades que acompañan cada edad y nos permiten
ser compañeras y madres, felices y serenas.
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