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| El derecho a la verdad es universal
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| (Por Nieves García, Mujer Nueva,
2010-08-06)
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Hablemos del tabú que se ha
convertido en moda: la homosexualidad. Es un tema complejo. Los
mismos expertos explican que la vida de cada homosexual es
un mundo y es difícil conocer los denominadores comunes.
Los estudios a los que se puede acceder están basados
en estadísticas muy poco fiables y en la mayoría se
parte de un presupuesto intuitivo que se trata de verificar
a la fuerza, sin respetar la veracidad de los datos
que puedan surgir de la investigación.
Profundizando un
poco más desconcierta la falta de información científica y objetiva,
tanto de las posturas que están a favor como de
los que están en contra. Y sorprende pensar que no
es un sólo país al que ha llegado un proyecto
de ley sobre el tema, para legislar sobre esta realidad;
pero ¿Cómo se puede legislar cuando hay tantos interrogantes en
el aire?
El derecho a la verdad es
universal e interesa a todos los hombres. La verdad, que
no es más que el descubrimiento de la realidad tal
cual es, es una adecuación de la mente a la
misma, sin manipulaciones, sin ideologías que la condicionen. Se podrá
observar desde varios puntos de vista, pero la verdad es
una. Da la impresión de que al hombre de hoy
no le interesa llegar al fondo de la cuestión, de
que ya no se piensan los “porqué”, los “para qué”,
los “cómo” de los problemas, y nos quedamos en las
“razones emotivas”, lo que me da “sentimiento”.
Antoine de
Saint Exupery en su libro "Tierra de hombres" hace una
descripción que viene muy bien a muchos hombres de hoy
a quienes se podrían dirigir estas palabras:
"... Has
construido tu paz a fuerza de bloquear con cemento, como
la hacen las termitas, todas las salidas hacia la luz.
Has rodado como una bola tu seguridad burguesa; en tus
rutinas, en los mitos asfixiantes de tu vida provinciana, has
alzado esa humilde muralla contra los vientos y las mareas
y las estrellas. No quieres inquietarte con los graves problemas,
bastante trabajo has tenido con olvidar tu condición de hombre.
No eres el habitante de un planeta errante. No planteas
preguntas sin respuesta, eres un pequeño burgués de Toulouse. Nadie
te ha sacudido por los hombros cuando aún era tiempo.
Ahora la arcilla con la cual estás hecho se ha
secado y endurecido y nada en ti podría, en adelante,
despertar al músico, o al poeta, o al astrónomo que
quizá te habitaban al principio."
En los últimos años,
ha sido tal el bombardeo de los medios sobre el
tema de la homosexualidad que han obligado a la mayoría
de la sociedad a tomar una postura. Todo el mundo
ha dado su opinión al respecto pero no sé si
todos han buscado antes la verdad acerca del hecho. Fundamente
podemos resumir estas posturas en cuatro:
Los que están
a favor y la defienden a capa y espada, lo
promueven por todos los medios y se manifiestan agresivos ante
cualquier oposición. Son los dirigentes y organizadores del movimiento del
“Orgullo gay”. Tienen sus argumentos pensados, sus expertos trabajando para
buscar fundamentaciones científicas que ayuden a dar una credibilidad a
estos hechos, asociaciones de todo tipo para apoyar la “causa
gay” y sus campañas publicitarias bien montadas. Los que están
en contra por principio. Antes de escuchar cualquier tipo de
argumento tienen un “no” por delante, y sin conocer toda
la problemática de fondo se cierran en banda. Quizás no
están organizados como los anteriores y se limitan a una
labor más bien de tipo reactiva, que a veces da
la imagen de ser intransigente. La tercera postura es la
de la gran mayoría, que podemos calificar como los indiferentes.
“Mientras no hagan daño a nadie” es su slogan aprendido
de una ética barata que en el fondo es comodidad
personal disfrazada de “tolerancia”. Tienen la impresión de que es
un problema que no les afecta, que no va con
ellos y no toca sus vidas, por lo tanto no
les interesa. Muchos de ellos, y cada vez más, suelen
conocer a alguien que vive o experimenta esta realidad y
suelen coincidir en que son “buenas personas”, por lo tanto
que sigan adelante.
Hay una cuarta postura, que quizás
es la menos conocida pero la más humana. La postura
de aquellos que están inquietos por conocer la verdad acerca
de lo que está sucediendo. Son los hombres y mujeres
que siguen pensando con la cabeza y que no se
deslumbran por las campañas. Sus preguntas son : Hace treinta
años esta realidad no se presentaba de esta manera ¿Qué
ha sucedido en la sociedad occidental para que las cifras
se disparasen de esta forma? El hombre no cambia de
un día para otro y menos en un tema tan
esencial para su definición humana ¿Será la causa el materialismo
galopante en el que se mueven las sociedades capitalistas, las
corrientes de hedonismo que nos invitan a vivir el placer
desde el plano casi-animal, qué?
Hay muchas cuestiones que
están flotando en el aire y que no están resueltas
con investigaciones objetivas. ¿Cuáles son las causas por las que
adolescentes sienten esta atracción? ¿Está comprobado que el 10% de
la población mundial tiene estas tendencias? ¿No hay conversión posible?
¿Alguna vez se podrá demostrar que pudiera existir un componente
genético? ¿Se puede sentir cierta atracción hacia alguien del mismo
sexo sin tener que desembocar a fuerzas en una relación
sexual con esa persona? ¿Cuándo se pasa de la inclinación
afectiva a la sexual? ¿Realmente, las relaciones entre personas del
mismo sexo, son un avance en el progreso de la
humanidad? ¿Tiene la sociedad que crear una legislación que los
proteja? ¿Tienen derechos particulares por el hecho de ser una
minoría? ¿Cuánto hay de problema psicológico y cuanto de desviación
sexual causada por el deseo de experiencias novedosas? ¿Puede un
hombre o una mujer con este problema de identidad ser
feliz y alcanzar la plenitud? ¿El respeto a las personas
homosexuales como tales, por ser personas, y el cuidar la
no-discriminación hacia ellos, conduce necesariamente a cambiar el concepto de
matrimonio, definido como la unión entre heterosexuales, en las legislaciones
de las naciones?
Esta postura busca la verdad,
principio de progreso auténtico para la humanidad. Si continuamos construyendo
nuestra sociedad sobre tendencias, estamos construyendo un castillo de naipes;
tarde o temprano, el primer viento de realidad lo tirará
abajo. La Historia nos muestra la caída de grandes civilizaciones
que se sintieron muy seguras, tanto que decidieron construir sobre
falacias y no sobre la verdad, porque esta última resultaba
costosa a su naturaleza engreída, sensual o perezosa.
Algo
sucede en el campo de la identidad sexual pero busquemos
con tenacidad las causas profundas. Creo que la postura más
sincera es la de respetar a las personas, a todas,
independientemente de su orientación sexual, pero investigando con objetividad el
fenómeno. Y ello con el fin desinteresado de ayudar al
ser humano, de hoy y de mañana, a descubrir su
vocación al amor. Pero un amor que se vive siempre
en el marco de la verdad; aunque la verdad no
coincida con mis inclinaciones, juicios, o gustos personales. Y el
agua de la verdad es la que más necesita el
hombre de hoy.
El hombre sólo puede amar
si conoce su propia verdad. No le tengamos miedo.
Nieves García ngarcia@mujernueva.org
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