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| Derechos y deberes de la familia
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| (Por Luis Alberto Petit Herrera, Alfa y Omega, España,
2003-06-15)
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La Organización de Naciones Unidas prepara las celebraciones del X
aniversario del Año Internacional de la Familia, que se cumplirá
el próximo año. Don Luis Alberto Petit, Presidente de la
Fundación pro Derechos de la Familia (PRODEFA), mantiene que sería
una buena ocasión para la proclamación de una Declaración universal
de las responsabilidades y derechos de la familia, que contemple
a la familia como tal, como sujeto de derechos y
deberes, en consonancia con el espíritu que impregna diversos documentos
de la ONU, comenzando por la Declaración universal de 1948
Decía Chesterton que «la familia es la mejor entidad
para vivir en libertad». Si uno no limita las fuentes
de su reflexión, es fácil ver que, aunque ha desaparecido
cierta confianza ciega en la forma tradicional de la vida
familiar, se valora de manera creciente a la citada entidad,
que conlleva características comunes en todas las culturas y tiempos,
más importantes que los diferenciales que, con frecuencia, se exageran
y manipulan. Hay cuatro elementos comunes en la mayoría de
los casos: el parentesco; la alimentación, cuidados y educación de
los menores; la intimidad y la socialización que se propagan
en esa entidad, como grupo intermedio entre la persona y
la sociedad; y el apoyo mutuo y la solidaridad.
Aunque no
siempre da total satisfacción, son millones y millones «las familias
que son felices y parecidas», como pone León Tolstoi en
boca de Anna Karenina. Sin embargo, en ciertos círculos se
provocan dudas sobre la capacidad de la familia para hacer
frente a sus deberes, ya que existen grupos que, aunque
minoritarios, han encontrado pretexto para influir en la opinión. La
violencia en la familia, las relaciones ulceradas y las funciones
de ésta asumidas por instituciones externas han llevado al entreguismo
de algunos padres, aplastados por frustraciones sucesivas.
Las familias monoparentales no
pueden constituir un objeto, ya que la familia bicéfala es
una necesidad latente que ha de superar el egoísmo de
ciertos padres, que han de evitar cualquier situación traumática para
sus hijos. En todo caso, no puede haber sustitutivos del
parentesco, si se quiere evitar la decadencia de la civilización,
ni pueden tomarse decisiones apresuradas, si no se quiere degradar
la calidad de la vida humana. Esto no debe impedir
respetar o salir al encuentro de ciertas actuaciones de carácter
particular hasta donde sea posible.
Este modo de enfocar la cuestión
de la familia es el válido para que pueda ser
aceptado por gentes de distintas culturas. Y ello, aunque cada
uno acentúe unos aspectos, con tal de que no contradiga
estos principios, sobre los que se alcanzó un consenso en
el Comité de ONG de la Familia, de Viena (Naciones
Unidas), cuando se estableció el documento Principios orientativos sobre la
familia.
Debido al envejecimiento de la población, los gastos sociales se
están incrementando más rápidamente que el Producto Interior Bruto de
los países. Se hace cada vez más imprescindible que la
familia asuma todas sus responsabilidades, ya que, al estar más
cerca de los problemas, está más dispuesta a resolverlos desinteresadamente,
con una solidaridad que tiene unos límites insospechados y mucho
más humanitarios que los que permite una solidaridad forzada a
través de una nueva redistribución de rentas, que es lo
único que el Estado puede promover. Si al familia cumple
sus deberes y asume su responsabilidad, disminuirán gastos como los
de la seguridad pública. De ahí que la familia no
pueda dejar de estar amparada por unos derechos, al igual
que no existe ningún derecho que no tenga su contrapartida
en un deber.
Un lujo imposible
Desde esta perspectiva, se
impone la necesidad de una Declaración universal de los deberes,
responsabilidades y derechos de la familia. En ese campo, como
en otros, la legislación de los Estados tiene que estar
propiciada o apoyada en instrumentos de alcance internacional que consideren
los principios, derechos y valores dignos de ser protegidos, sin
que esto implique delinear un solo tipo de política familiar.
La
clase política no puede permitirse el lujo de ignorar a
la familia. Fraçois Mitterrand decía: «Fallaría toda nuestra ideología si
no entráramos en el siglo XXI con una familia fuerte,
célula básica de la sociedad». Este clamor lo mantuvo Jacques
Delors; Jospin pidió una política global para la familia, como
lo hizo Clinton y lo hacen Bush, Tony Blair o
Berlusconi. En España estamos aún ridículamente por debajo de esa
ayuda equivalente al 50% del salario mínimo interprofesional, que es
lo que una familia francesa recibe cuando tiene tres hijos.
Y eso no es por la grandeur.
Con vistas a propiciar
tal Declaración sobre la familia, PRODEFA (de cuyo Patronato forman
parte personas de distintas razas, culturas y religiones, y que
tiene estatus consultivo ante Naciones Unidas) ha publicado una recopilación
de textos de documentos de la ONU publicados a partir
de 1948: es fácil deducir el desequilibrio entre lo dedicado
a los derechos de la persona en el orden familiar
y la mezquindad con que se hace referencia a los
derechos de la familia, que, como grupo social, constituye una
situación digna de protección jurídica, como consecuencia de que la
unidad familiar como tal es capaz de producir efectos legales.
Tales derechos no perjudican los de los miembros de la
familia (especialmente los ya conseguidos de la mujer), sino que
los completan. Se trata de derechos tales como la dignidad
de la familia; la independencia y autonomía de la familia
-que abarca la decisión sobre el número de hijos, la
transmisión de ciertos valores culturales y morales básicos, la armonización
de la vida profesional y familiar y la igualdad de
sexos; la protección social de la familia; la asociación y
la participación en la política familiar...- Se trata de explicitar
y desarrollar, en particular, los artículos 12 y 15 de
la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, que,
en su artículo 16, considera a la familia como «la
unidad básica de la sociedad que debe tener derecho a
la protección de la sociedad y del Estado».
Las Naciones Unidas
están preparando el décimo aniversario del Año Internacional de la
Familia, que se cumplirá el próximo 2004. Sería una gran
ocasión para la proclamación de una Declaración sobre las responsabilidades
y derechos de la familia, posibilidad que ya se consideró
hace diez años por parte de ciertos Gobiernos y muchas
ONG. En gran parte, depende del interés que demuestre la
sociedad, también la sociedad española y sus representantes.
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