Caballo de Guerra
(Por Olivia E Núñez O., Colaborador Mujer Nueva, 2012-01-16)

Director: Steven Spilberg

Productora: Kathleen Kennedy

Actores: Jeremy Irvine, Tom Hiddleston, Emily Watson y Peter Mullan

Basada en el libro de Michael Morpurgo

 

Caballo de guerra es la película más reciente del prolífico director Steven Spilberg, que narra el lazo enternecedor de amistad que se da entre Albert, un joven muchacho quien vive en una granja con sus padres y Joey, un equino mitad pura sangre, arisco y rebelde, al que Albert tomará a su cargo para darle una oportunidad de ser valorado por algo.

Una película que narra la vida y conflictos internos de una familia que hace todo por pagar la renta de su granja y sobrevivir, al tiempo que va sobre llevando cargas de sufrimiento y melancolía de años pasados de guerra y penurias. En este contexto de vida familiar de la primera década del siglo pasado, llega inesperadamente un  sorprendente caballo, con la contradicción de dejarlos en bancarrota o convertirse en su salvación si demuestra que es bueno para el trabajo de campo o para alguna otra cosa.

El joven Albert, hijo de los granjeros, se empeña en entrenarlo y lograr que aporte algún beneficio a la familia, pero el tiempo de que rinda fruto termina antes de lo esperado y la condición económica obliga al padre de Albert a venderlo como caballo de guerra.

Este nuevo destino para Joey, el equino,  lo enfrentará con el absurdo y cruel escenario de la guerra, -en particular de la Primera Guerra Mundial caracterizada por las batallas sangrientas cuerpo a cuerpo- en la que  murieron trágicamente más de 20 millones de personas y en la que también murieron alrededor de ocho millones de caballos arrastrando cañones y ambulancias, trasladando tropas, combatiendo y siendo objetos de canje o maltratos.

Con paisajes contrastantes entre las referencias a esta absurda guerra y otros, al estilo de “Lo que el viento se llevó”, Caballo de guerra narra una historia de amistad y heroísmo en medio de la adversidad y el despojo en la que, un muchacho y un caballo encuentran la oportunidad de convertirse en héroes para resolver la adversidad  que enfrentan y cuyo motor es conservar la entrañable  relación de amistad y lealtad que se ha dado entre ellos.

La trama se centra en la fuerza y nobleza de los caballos y en la nobleza y tenacidad de los humanos que  son capaces de reconocer en ellos rasgos de fuerza, lealtad y valor.

Una película espectacular, con un gran  despliegue de escenarios, fotografía y secuencias de guerra, combates y batallones, pero a la vez, con una gran elegancia de escenas sobre la vida tranquila en la campiña británica. Una película que aborda la gran tragedia de la guerra, al mismo tiempo que el drama personal de la separación de un amigo-equino, en el que un muchacho ha encontrado más que un compañero leal. Ha descubierto la necesidad de dar sentido a su vida y cumplir con “su parte” para resolver la adversidad familiar y comunitaria que le rodea.

Caballo de guerra es una cinta que da la oportunidad a los jóvenes, sobre todo a los adolescentes, de plantearse varias preguntas. Tal vez la primera de ellas es confrontar su capacidad de ser empáticos y su nobleza al sentir compasión por otros, aun cuando a veces ese “otro” sea un animal o una mascota.

Una cinta que plantea también una oportunidad para resistir la tentación de desvanecer las lecciones historia, estimulados por toda la información que reciben de los medios. Consumimos tanta casuística de cultura contemporánea y de manera tan superficial y efímera, que ya casi no queda espacio para reflexionar seriamente sobre las causas y consecuencia de los acontecimientos actuales y mucho menos, los históricos. Para una generación que  casi no nos damos tiempo de mirar hacia atrás, con una mirada reflexiva que nos permita enriquecer el “hacia adelante” y superar los errores que como humanidad hemos cometido, esta cinta es una mirada compasiva a una realidad que mayormente es ignorada.

Tal vez la tercera oportunidad que presta este relato, es la posibilidad de plantearnos una pregunta, ¿Qué me corresponde hacer a mí para mejorar mi entorno y ayudar a la humanidad a superar su adversidad? ¿Hay algo con lo que me siento comprometido que merezca que invierta mi talento, tiempo y esfuerzo? O ¿Vivimos cada vez más resueltos a no involucrarnos en nada que nos implique salir de nuestra comodidad, en la que la incapacidad para sentir compasión es el primer síntoma del egoísmo y la indiferencia? ¿Nuestro desconocimiento del pasado y nuestra insensibilidad al sufrimiento de los otros nos lleva a pensar cómodamente que las soluciones de los problemas son siempre responsabilidad de alguien más?

Solo la capacidad de conmovernos nos lleva a asumir nuestra posición en las trincheras y solo eso, nos hace más humanos y al mundo un mejor lugar… una lección que a veces nos tienen que recordar los animales.

 

Olivia E. Nuñez Orellana


 

 
 
 
     
 
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