Director: Steven Spilberg
Productora: Kathleen Kennedy
Actores: Jeremy Irvine, Tom Hiddleston, Emily Watson y Peter
Mullan
Basada en el libro de Michael Morpurgo
Caballo de guerra es
la película más reciente del prolífico director Steven Spilberg, que
narra el lazo enternecedor de amistad que se da entre
Albert, un joven muchacho quien vive en una granja con
sus padres y Joey, un equino mitad pura sangre, arisco
y rebelde, al que Albert tomará a su cargo para
darle una oportunidad de ser valorado por algo.
Una película que narra la vida y conflictos internos
de una familia que hace todo por pagar la renta
de su granja y sobrevivir, al tiempo que va sobre
llevando cargas de sufrimiento y melancolía de años pasados de
guerra y penurias. En este contexto de vida familiar de
la primera década del siglo pasado, llega inesperadamente un sorprendente
caballo, con la contradicción de dejarlos en bancarrota o convertirse
en su salvación si demuestra que es bueno para el
trabajo de campo o para alguna otra cosa.
El joven Albert, hijo de los granjeros, se empeña
en entrenarlo y lograr que aporte algún beneficio a la
familia, pero el tiempo de que rinda fruto termina antes
de lo esperado y la condición económica obliga al padre
de Albert a venderlo como caballo de guerra.
Este nuevo destino para Joey, el equino, lo enfrentará
con el absurdo y cruel escenario de la guerra, -en
particular de la Primera Guerra Mundial caracterizada por las batallas
sangrientas cuerpo a cuerpo- en la que murieron trágicamente más
de 20 millones de personas y en la que también
murieron alrededor de ocho millones de caballos arrastrando cañones y
ambulancias, trasladando tropas, combatiendo y siendo objetos de canje o
maltratos.
Con paisajes contrastantes entre las referencias
a esta absurda guerra y otros, al estilo de “Lo
que el viento se llevó”, Caballo de guerra narra una
historia de amistad y heroísmo en medio de la adversidad
y el despojo en la que, un muchacho y un
caballo encuentran la oportunidad de convertirse en héroes para resolver
la adversidad que enfrentan y cuyo motor es conservar la
entrañable relación de amistad y lealtad que se ha dado
entre ellos.
La trama se centra en
la fuerza y nobleza de los caballos y en la
nobleza y tenacidad de los humanos que son capaces de
reconocer en ellos rasgos de fuerza, lealtad y valor.
Una película espectacular, con un gran despliegue de
escenarios, fotografía y secuencias de guerra, combates y batallones, pero
a la vez, con una gran elegancia de escenas sobre
la vida tranquila en la campiña británica. Una película que
aborda la gran tragedia de la guerra, al mismo tiempo
que el drama personal de la separación de un amigo-equino,
en el que un muchacho ha encontrado más que un
compañero leal. Ha descubierto la necesidad de dar sentido a
su vida y cumplir con “su parte” para resolver la
adversidad familiar y comunitaria que le rodea.
Caballo de guerra es una cinta que da la oportunidad
a los jóvenes, sobre todo a los adolescentes, de plantearse
varias preguntas. Tal vez la primera de ellas es confrontar
su capacidad de ser empáticos y su nobleza al sentir
compasión por otros, aun cuando a veces ese “otro” sea
un animal o una mascota.
Una
cinta que plantea también una oportunidad para resistir la tentación
de desvanecer las lecciones historia, estimulados por toda la información
que reciben de los medios. Consumimos tanta casuística de cultura
contemporánea y de manera tan superficial y efímera, que ya
casi no queda espacio para reflexionar seriamente sobre las causas
y consecuencia de los acontecimientos actuales y mucho menos, los
históricos. Para una generación que casi no nos damos tiempo
de mirar hacia atrás, con una mirada reflexiva que nos
permita enriquecer el “hacia adelante” y superar los errores que
como humanidad hemos cometido, esta cinta es una mirada compasiva
a una realidad que mayormente es ignorada.
Tal vez la tercera oportunidad que presta este relato, es
la posibilidad de plantearnos una pregunta, ¿Qué me corresponde hacer
a mí para mejorar mi entorno y ayudar a la
humanidad a superar su adversidad? ¿Hay algo con lo que
me siento comprometido que merezca que invierta mi talento, tiempo
y esfuerzo? O ¿Vivimos cada vez más resueltos a no
involucrarnos en nada que nos implique salir de nuestra comodidad,
en la que la incapacidad para sentir compasión es el
primer síntoma del egoísmo y la indiferencia? ¿Nuestro desconocimiento del
pasado y nuestra insensibilidad al sufrimiento de los otros nos
lleva a pensar cómodamente que las soluciones de los problemas
son siempre responsabilidad de alguien más?
Solo
la capacidad de conmovernos nos lleva a asumir nuestra posición
en las trincheras y solo eso, nos hace más humanos
y al mundo un mejor lugar… una lección que a
veces nos tienen que recordar los animales.
Olivia E. Nuñez Orellana