La soledad: Otra forma de pobreza.
(Por María del Rocío Rivera, Colaboradora de Mujer Nueva, 2009-11-18)

En nuestro mundo existen miles de personas que sufren los efectos de la pobreza. Según datos del Banco Mundial, en 2004 en México se registró un 17.6% de personas del total de la población, con un ingreso menor que el necesario para comprar la canasta básica. El CONEVAL, reportó que en 2008 en México un 18.2% del total de la población vivía en pobreza alimentaria. Según datos del Banco Mundial en 2008, alrededor del mundo se reportaron 1.4 billones de personas con un ingreso por debajo de $1.25 dólares al día. Según el informe 2009 de la ONU, "a nivel mundial se estima que el número de personas viviendo en condiciones de extrema pobreza en 2009 será entre 55 y 90 millones más de lo previsto antes de la crisis económica mundial"

La pobreza normalmente la relacionamos con la carencia de recursos económicos básicos para sobrevivir: pensamos en los niños que viven en la calle, en los niños de África o en familias alrededor del mundo sin una fuente de ingreso. Así, diversas instituciones realizan informes acerca de la situación de pobreza a nivel mundial. También se elaboran e implementan programas para erradicarla. Definitivamente, es un tema de actualidad. Sin embargo, existe otro tipo de pobreza de la que no se habla mucho: la soledad. ¿Cuántos billones de personas en soledad hay en el mundo y no se encuentran registradas en las estadísticas? La soledad es definida por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, como "Carencia voluntaria o involuntaria de compañía". Acompañar, en una de sus definiciones significa "participar de los sentimientos de alguien". Entonces, la soledad es no tener con quien compartir nuestros sentimientos ni los del otro, ya sea por decisión personal o por situaciones ajenas a nuestra voluntad.

Es un hecho que el ser humano necesita socializar, relacionarse, saberse parte de un todo, prueba de ello son los altos índices de uso del chat y las redes sociales por parte de niños, jóvenes y adultos. Sin embargo, en ocasiones resulta insatisfactorio percatarnos de que somos usados de algún modo, para satisfacer los intereses del otro. Pero, ¿qué papel juegan las cosas y qué papel juegan las personas? Quizá en ocasiones damos a las cosas, un lugar que le pertenece a las personas. Podemos estar rodeados de gente en la oficina, en las fiestas, en los bares, en los conciertos, en los antros, etc. Pero, ¿realmente participamos de los sentimientos de esas personas? ¿Somos de los profesionistas que nos encontramos rodeados de mucha gente, pero que no conoce a la gente con la que trabaja por permanecer preocupado de sus propios problemas? En la vida cotidiana podemos entablar conversaciones simples y superficiales, “hola ¿cómo estás?”, y ni siquiera prestar atención a lo que nos responden. En ocasiones, debido al stress de la vida cotidiana y las preocupaciones.

Cuando se trata de gastar, podemos no escatimar en la compra de bienes, pero al cultivar las amistades, ¿cuánto tiempo invertimos no solamente tomando una copa o bailando, sino interesándonos por el bienestar de esa amistad? Poseemos cosas, pero nos estamos empobreciendo de calidad humana. Estamos rodeados de gente, pero en realidad estamos solos.

El mundo materialista en el que vivimos, en donde el hecho de tener es más importante que ser, nos invita a vivir preocupados por poseer más y mejores bienes: un mejor auto, ropa a la moda, asistir a nuevos sitios en los que podamos sentirnos reconocidos, habitar en una mejor casa. Aspectos que son positivos, pero cuando ponemos nuestro corazón en ellas, experimentamos un gran vacío en el corazón y nos hace perder el sentido de lo verdaderamente esencial en la vida. ¿Se puede poner precio a las relaciones personales como se le pone precio a un objeto? ¿Es válido usar a las personas como usamos un objeto? No es válido porque a diferencia de los objetos, las personas somos seres con una riqueza interior: inteligencia, voluntad y sentimientos.

Para enfrentar esta soledad necesitamos atrevernos a convivir con los demás sin miedo y sin sentirnos superiores al otro. En la medida de lo posible, hacernos espacios en el día para propiciar la interacción con los otros. Estar conscientes de que no somos lo que tenemos ni lo que sabemos. El ser humano se enriquece personalmente en la interacción con otras personas, más que al interactuar con las máquinas o consigo mismo. En la convivencia con la propia familia, se pueden aprovechar los espacios para entablar comunicación verbal: los trayectos en el auto, la hora de la comida o la cena. En la vida ordinaria, evitar aislarnos con el uso del IPOD, el cual bloquea la comunicación entre las personas y las mantiene ajenas a lo que ocurre a su alrededor. Trabajar poniendo lo mejor de sí mismo, tratando a las personas como compañeros, en lugar de usarlos para el propio beneficio.

Hemos hecho de las personas un "objeto", a quienes podemos usar y tirar, tanto en el trabajo, con la familia y con los amigos. ¿Cómo vas a invertir tu tiempo desde ahora, primero las cosas y luego las personas? o ¿primero las personas y luego las cosas? Necesitamos enriquecer nuestro espíritu, llenarnos de amor y estar dispuestos a ser y hacer la diferencia en nuestra sociedad, a vencer este tipo de pobreza llamado soledad. ¿Quién es más pobre, el que no tiene suficiente para comer o el que vive una soledad profunda en su corazón?

 

"No hay mayor pobreza que la soledad." Madre Teresa de Calcuta

 
 
 
     
 
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