En nuestro mundo existen miles
de personas que sufren los efectos de la pobreza. Según
datos del Banco Mundial, en 2004 en México se registró
un 17.6% de personas del total de la población, con
un ingreso menor que el necesario para comprar la canasta
básica. El CONEVAL, reportó que en 2008 en México un
18.2% del total de la población vivía en pobreza alimentaria.
Según datos del Banco Mundial en 2008, alrededor del mundo
se reportaron 1.4 billones de personas con un ingreso por
debajo de $1.25 dólares al día. Según el informe 2009
de la ONU, "a nivel mundial se estima que el
número de personas viviendo en condiciones de extrema pobreza en
2009 será entre 55 y 90 millones más de lo
previsto antes de la crisis económica mundial"
La pobreza normalmente la relacionamos con la carencia
de recursos económicos básicos para sobrevivir: pensamos en los niños
que viven en la calle, en los niños de África
o en familias alrededor del mundo sin una fuente de
ingreso. Así, diversas instituciones realizan informes acerca de la situación
de pobreza a nivel mundial. También se elaboran e implementan
programas para erradicarla. Definitivamente, es un tema de actualidad. Sin
embargo, existe otro tipo de pobreza de la que no
se habla mucho: la soledad. ¿Cuántos billones de personas en
soledad hay en el mundo y no se encuentran registradas
en las estadísticas? La soledad es definida por el Diccionario
de la Real Academia de la Lengua, como "Carencia voluntaria
o involuntaria de compañía". Acompañar, en una de sus definiciones
significa "participar de los sentimientos de alguien". Entonces, la soledad
es no tener con quien compartir nuestros sentimientos ni los
del otro, ya sea por decisión personal o por situaciones
ajenas a nuestra voluntad.
Es un hecho que el ser humano necesita socializar,
relacionarse, saberse parte de un todo, prueba de ello son
los altos índices de uso del chat y las redes
sociales por parte de niños, jóvenes y adultos. Sin embargo,
en ocasiones resulta insatisfactorio percatarnos de que somos usados de
algún modo, para satisfacer los intereses del otro. Pero, ¿qué
papel juegan las cosas y qué papel juegan las personas?
Quizá en ocasiones damos a las cosas, un lugar que
le pertenece a las personas. Podemos estar rodeados de gente
en la oficina, en las fiestas, en los bares, en
los conciertos, en los antros, etc. Pero, ¿realmente participamos de
los sentimientos de esas personas? ¿Somos de los profesionistas que
nos encontramos rodeados de mucha gente, pero que no conoce
a la gente con la que trabaja por permanecer preocupado
de sus propios problemas? En la vida cotidiana podemos entablar
conversaciones simples y superficiales, “hola ¿cómo estás?”, y ni siquiera
prestar atención a lo que nos responden. En ocasiones, debido
al stress de la vida cotidiana y las preocupaciones.
Cuando se trata
de gastar, podemos no escatimar en la compra de bienes,
pero al cultivar las amistades, ¿cuánto tiempo invertimos no solamente
tomando una copa o bailando, sino interesándonos por el bienestar
de esa amistad? Poseemos cosas, pero nos estamos empobreciendo de
calidad humana. Estamos rodeados de gente, pero en realidad estamos
solos.
El mundo materialista en
el que vivimos, en donde el hecho de tener es
más importante que ser, nos invita a vivir preocupados por
poseer más y mejores bienes: un mejor auto, ropa a
la moda, asistir a nuevos sitios en los que podamos
sentirnos reconocidos, habitar en una mejor casa. Aspectos que son
positivos, pero cuando ponemos nuestro corazón en ellas, experimentamos un
gran vacío en el corazón y nos hace perder el
sentido de lo verdaderamente esencial en la vida. ¿Se puede
poner precio a las relaciones personales como se le pone
precio a un objeto? ¿Es válido usar a las personas
como usamos un objeto? No es válido porque a diferencia
de los objetos, las personas somos seres con una riqueza
interior: inteligencia, voluntad y sentimientos.
Para enfrentar esta soledad necesitamos
atrevernos a convivir con los demás sin miedo y sin
sentirnos superiores al otro. En la medida de lo posible,
hacernos espacios en el día para propiciar la interacción con
los otros. Estar conscientes de que no somos lo que
tenemos ni lo que sabemos. El ser humano se enriquece
personalmente en la interacción con otras personas, más que al
interactuar con las máquinas o consigo mismo. En la convivencia
con la propia familia, se pueden aprovechar los espacios para
entablar comunicación verbal: los trayectos en el auto, la hora
de la comida o la cena. En la vida ordinaria,
evitar aislarnos con el uso del IPOD, el cual bloquea
la comunicación entre las personas y las mantiene ajenas a
lo que ocurre a su alrededor. Trabajar poniendo lo mejor
de sí mismo, tratando a las personas como compañeros, en
lugar de usarlos para el propio beneficio.
Hemos hecho de las personas un "objeto", a
quienes podemos usar y tirar, tanto en el trabajo, con
la familia y con los amigos. ¿Cómo vas a invertir
tu tiempo desde ahora, primero las cosas y luego las
personas? o ¿primero las personas y luego las cosas? Necesitamos
enriquecer nuestro espíritu, llenarnos de amor y estar dispuestos a
ser y hacer la diferencia en nuestra sociedad, a vencer
este tipo de pobreza llamado soledad. ¿Quién es más pobre,
el que no tiene suficiente para comer o el que
vive una soledad profunda en su corazón?
"No hay
mayor pobreza que la soledad." Madre Teresa de Calcuta