Embarazo: ¿enfermedad o invalidez?
(Por Carlota de Barcino, Mujer Nueva, 2000-12-19)
Hace unos días, el Presidente del Círculo de Empresarios de Barcelona presentó su dimisión en medio de una gran polémica. Unas semanas antes, esa institución había publicado un documento recomendando medidas para mejorar la eficacia de las empresas. Entre otras cosas, proponía que las mujeres contraten un seguro destinado a cubrir el coste que la baja por maternidad ocasiona a la empresa [1].

Por otra parte, estudios económicos [2] revelan que entre el salario medio de los hombres y el de las mujeres españolas, existe una brecha del 20 al 30%, lo que significa que, descontando las diferencias de edad y de estudios, si el hombre gana 100, la mujer gana 80. Esto refleja que el trabajo de la mujer se valora menos que el del hombre, incluso cuando las funciones desempeñadas por ambos son prácticamente idénticas. En estos casos, ambos puestos reciben denominaciones distintas para justificar una remuneración dispar.

Asimismo, las estadísticas comparativas de los diversos seguros médicos privados que contratan cada vez más familias españolas, muestran que las mujeres (al igual que los ancianos) pagan un precio superior por las primas.[3]

Así pues, si la mujer gana menos, paga más por su seguro médico y su ausencia del hogar crea nuevos gastos, la contribución de su trabajo a la economía doméstica resulta imperceptible. Y eso sin contar los “efectos secundarios”: estrés, problemas educativos, o agotamiento físico... ¡Sólo falta que ella misma deba cubrir los costes de su baja por maternidad!

Pero, ¿es el embarazo una enfermedad con elevados costes para el empresario y la sociedad entera, para tener que asegurarse contra ella?

En un artículo publicado en la revista “Working Mother” [4], Lisa Bertagnoli refleja la situación a la que se enfrentan las mujeres que, en sus primeros meses de embarazo, buscan trabajo.

Por una parte, recoge la opinión de expertos en recursos humanos que afirman que las embarazadas encuentran cada vez mayor aceptación, pues a menudo las empresas prefieren asegurarse un candidato adecuado, sin importar sus necesidades o condiciones [5]. En palabras de Erika Weinstein, directora gerente de Stephen-Bradford Search, empresa neoyorkina de contratación de ejecutivos, y madre de dos niños, “tener un hijo es otra faceta de la versatilidad que se pide a un profesional”.

Pero por otra parte, recoge testimonios de muchas mujeres que ocultan su embarazo. Si bien no está permitido preguntarlo durante las entrevistas de trabajo, los empresarios especulan acerca de la posible maternidad de su entrevistada. Si es joven y sin hijos, se plantean si pronto empezará a tenerlos; si tiene más edad, el entrevistador piensa que no tardará en ser madre; y si ya lo es, entonces cree que no dispondrá de tiempo suficiente para dedicarlo al trabajo. Y sin embargo, a los hombres jamás se les formularán estas preguntas ni se dudará de su capacidad por el hecho de ser padres.

La ley no exige que la mujer comunique su estado de gestación al empleador, información que debe quedar protegida por el derecho a la intimidad. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid se pronunció recientemente sobre este tema, al declarar improcedente un despido, cuando la empleada comunicó, antes de terminar su período de prueba, que debía guardar reposo absoluto por su embarazo de alto riesgo. Resulta sorprendente esta sentencia, pues aún tratándose de un trabajo que requería esfuerzo físico (la limpieza) considera lícito que la mujer no notifique su estado, y exige al empleador, en esos casos, la adopción de las medidas necesarias para que pueda desarrollar su trabajo en condiciones adecuadas a su estado. [6]

A mi entender, mantener el embarazo oculto es algo que no debería suceder. Toda mujer que espera un hijo debe poder compartir la buena noticia en todos los ámbitos en que se desarrolla su vida. Además, la ocultación no es una buena forma de ganarse la confianza del empleador. Sin embargo, son pocos los empresarios que contratan a esa persona valorándola en todas sus facetas, no sólo como productora de beneficios. En el artículo citado, se narra un caso: el empleador era una empresaria...

Entiendo que la situación en Europa no es exactamente igual: en la mayoría de nuestros países, la baja por maternidad retribuida es obligatoria. En EEUU, la Family and Medical Leave Act sólo garantiza 12 semanas de baja, conservando el puesto pero sin remuneración, por enfermedad o maternidad, siempre que el trabajador cuente con cierta antigüedad.

Pero, vuelve a surgir la pregunta: ¿son adecuadas las políticas de protección social que equiparan la maternidad a la enfermedad? ¿No sería más adecuado cambiar prejuicios?

El mismo Convenio Internacional sobre Protección de la Maternidad, de la Organización Internacional del Trabajo, ampara esta frecuente equiparación entre maternidad y enfermedad que deshumaniza el mundo empresarial. Este Convenio establece como protección mínima las prestaciones por maternidad con un monto equivalente a las de enfermedad o incapacidad laboral... ¿Cómo puede ser lo mismo? Ojalá el próximo mes de junio, cuando la Conferencia de la OIT aborde en Ginebra la revisión del Convenio, incluya una revisión de este concepto erróneo tan extendido.[7]

En palabras de la Directora del Centro de Estudios de la Mujer de Chile, esta consideración de la maternidad desconoce el fundamento de los programas para su protección. Precisamente hay que buscar que sea asumida como una responsabilidad social que compete a todos los miembros de la sociedad, hombres y mujeres, y no como una situación invalidante de la capacidad laboral, que afecta sólo a las mujeres en edad fértil. [8]

¿Cómo puede considerarse la maternidad o el embarazo, una circunstancia que incapacita para el trabajo?. Es cierto que la realización de algunos trabajos puede perjudicar el buen desarrollo de la gestación. Pero en general, las facilidades que se ofrecen a los trabajadores permiten el trabajo de una mujer embarazada, y la que es madre conoce mejor que nadie lo que es trabajar de forma organizada y eficaz. Hasta que no se arranque de la mentalidad del empresario y de las políticas de protección social que el embarazo y la maternidad son “gastos sobrevenidos” semejantes a una enfermedad, contra los que hay que asegurarse, la mujer seguirá siendo la parte más débil de la relación laboral.



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NOTAS

[1] Economía, Diario 16, 12.12.00.

[2] La riqueza de las familias. Mujer y mercado de trabajo en la España democrática, Alfonso Alba, Ariel, 2000. Págs. 108 ss.

[3]Deia/ Diario de Euskadi, 12.12.00: “Los seguros médicos discriminan: ni mujeres ni ancianos”.

[4] "New Mom, New Job”, Lisa Bertagnoli, Working Mother Dec. 2000/ Jan. 2001

[5] Rightful termination: Defensive strategies for hiring and firing in the Lawsuit-Happy Age”, James Walsh, Silver Lake Publishing. (Citado en el artículo de la nota 4.)

[6] El Mundo, 13.10.00: “Un tribunal sentencia que la mujer no está obligada a comunicar su embarazo cuando solicita un trabajo”.

[7] "Los Estados ratificantes que tengan una economía y sistema de seguridad insuficientes, cumplirán con lo establecido en el Convenio, si otorgan como prestaciones por maternidad al menos un monto equivalente a las prestaciones por enfermedad o incapacidad temporal”.

Convenio Internacional nº 103 de Protección de la Maternidad, en el ámbito de la OIT.

[8] Ximena Díaz, socióloga, Directora del Centro de Estudios de la Mujer, Chile, y especialista en temas de Empleo y Género.

En “Protección de la maternidad”. Conferencia Internacional del Trabajo. Avances y riesgos de retroceso en la revisión del Convenio Internacional sobre Protección de la Maternidad”, Viviana Erazo.

http://www.vocesmujer.com/temas/amasdecasa/conferencia.htm

Revista Fempress: http://www.fempress.cl/

 
 
 
     
 
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