En
la película Me and you and everyone we know, que
ganó un premio cinematográfico en la categoría de "prohibido a
los menores de 17 años", un adolescente es iniciado en
el sexo oral por dos chicas quizá un año mayores,
y su hermano de 6 años se introduce en un
chat pornográfico donde se escribe con una mujer.
¿Es esto lo que ven los niños? En caso
afirmativo, ¿qué mensaje están recibiendo sobre el sexo y qué
efecto tendrá en sus vidas?
La revista
Pediatrics analizó el tema, en un informe titulado Impacto de
los medios de comunicación en las actitudes y hábitos sexuales
de los adolescentes.
Es un asunto importante,
pero tristemente ignorado. El informe, basado en una revisión de
la literatura científica, fue solicitado por el Congreso de Estados
Unidos, financiado por los Centros de Prevención y Control de
Enfermedades de Atlanta y dirigido por la Universidad de Texas,
en Houston. Según la conclusión de Liliana Escobar-Chaves, investigadora principal,
"aunque una gran meta es conocer los efectos de los
medios de comunicación en las costumbres de los adolescentes, como
en las comidas, el tabaco o la bebida, apenas conocemos
los efectos sobre sus hábitos sexuales".
¿Quién
supervisa lo que ven, leen y oyen sobre el sexo?.
En la mayor parte de los casos, nadie. "Cada vez
más, los jóvenes acceden a los medios en entornos aislados
de la supervisión o guía de los padres u otros
adultos", dice el informe. "De media, un joven americano gasta
un tercio del día en varias formas de comunicación, por
lo general sin control paterno".
A pesar
de los cortafuegos informáticos y televisivos, no tienen muchos problemas
en acceder a presentaciones sexuales gráficas. Y nadie restringe lo
que oyen por sus auriculares. El efecto de la educación
basada en la abstinencia palidece por comparación con los numerosos
mensajes gráficos que retratan la actividad sexual -en especial el
sexo sin protección fuera del matrimonio- como una parte de
nuestra cultura tan normal y aceptable como comer un Big
Mac o beber una Coca-Cola.
La proporción
de estudiantes de bachillerato que dicen haber practicado sexo ha
bajado algo y el índice de embarazos de adolescentes también,
pero las cifras siguen siendo pasmosas. "Aproximadamente el 47 por
ciento de los estudiantes de bachillerato han tenido relaciones sexuales.
De ellos, el 7,4 por ciento informa haberlo hecho antes
de los 13 años, y el 14 por ciento han
tenido cuatro o más compañeros sexuales".
Cada año, en Estados Unidos cerca de 900.000 chicas jóvenes
se quedan embarazadas (340.000 tienen 17 o menos años). Los
índices de enfermedades de transmisión sexual son más altos entre
adolescentes que entre adultos, y el 35 por ciento de
las jóvenes han quedado embarazas al menos una vez antes
de los 20 años. En 2002, las infecciones por Chlamydia
fueron seis veces más prevalentes entre adolescentes sexualmente activas que
entre mujeres sexualmente activas.
Los riesgos no
acaban con los embarazos y las ETS. "Los datos sugieren
que los adolescentes sexualmente activos tienen más riesgo de depresión
y suicidio. Las experiencias sexuales tempranas se han asociado también
con otros hábitos potencialmente dañinos como el alcohol, la marihuana
y otras drogas".
En un comentario
a este estudio, Joe McIlhaney, del Instituto Médico para la
Salud Sexual de Austin, en Texas, escribe que "muchos padres
y algunos médicos subestiman el impacto negativo y a largo
plazo de una temprana actividad sexual".
El
informe añade que, con la perspectiva del tiempo transcurrido, muchas
chicas sexualmente activas hubieran deseado haber esperado más tiempo.
La televisión es el medio mejor estudiado; a
él dedican más de tres horas al día. Dos tercios
de los jóvenes de 8 a 18 años tienen televisión
en sus dormitorios, y dos tercios viven en hogares con
televisión por cable que les da acceso no supervisado a
escenas y diálogos sexuales.
El contenido sexual
de la televisión es creciente. Un estudio de la Fundación
Kaiser ha encontrado que "los programas más vistos por adolescentes
en 2001-2002 tienen cantidades inusualmente altas de contenidos sexuales comparados
con la media televisiva: el 83 por ciento de los
programas preferidos de los jóvenes tenían contenido sexual y el
20 por ciento incluían escenas explícitas o implícitas". El estudio
también ha observado que "los personajes implicados en situaciones sexuales
de estos programas televisivos raramente experimentan consecuencias negativas.
Los programas que advierten sobre el riesgo y la
responsabilidad sexual representan sólo el 1 por ciento de todos
los que incluyen contenidos sexuales". Además, sólo el 3 por
ciento de las escenas de sexo observadas aludían a la
protección contra ETS o incidían en los embarazos no deseados.
Lo poco que se sabe de los
efectos de la televisión sobre las actitudes sexuales de los
jóvenes procede de una encuesta telefónica efectuada en 2001 y
2002 entre 1.792 jóvenes de 12 a 17 años. La
encuesta mostró que ver programas con carga sexual envejece artificialmente
a los niños: los que ven más que la media
se comportan sexualmente como si tuvieran de 9 a 17
meses más. Y los niños de 12 años que abusan
de tales contenidos actúan como si tuvieran 14 ó 15
años. Asimismo, los adolescentes acostumbrados a esta programación tienden a
sobreestimar la frecuencia de ciertos hábitos sexuales y manifiestan actitudes
más permisivas hacia el sexo prematrimonial.
En
cuanto al cine, dos estudios que analizaron el contenido de
los vídeos alquilados más vistos por gente joven revelaron una
gran carga sexual. Los efectos de estos programas han sido
mínimamente estudiados. En un análisis de 2001 con chicas de
raza negra sexualmente activas de 14 a 18 años, las
que se habían expuesto a películas clasificadas X eran más
proclives a tener múltiples compañeros sexuales, a practicar sexo con
más frecuencia, a dar positivo en los test de Chlamydia
y a recurrir menos a la contracepción.
Los vídeos musicales que gustan a los jóvenes abundan
en referencias sexuales, en gran parte explícitas, sigue el informe
de Pediatrics. Pero los efectos de esta exposición no han
sido estudiados, como tampoco el influjo de las revistas, anuncios
o juegos de ordenador de tono subido. En cuanto a
internet, una encuesta entre chicos de 10 a 17 años
reveló que "uno de cada cinco había encontrado inadvertidamente contenido
sexual explícito, y uno de cada cinco había estado expuesto
a una solicitación sexual no querida mientras chateaba".
El informe invita a mejores estudios para conocer cómo
afectan tales contenidos a las creencias y hábitos de los
adolescentes, y a medir el efecto de su acumulación en
el tiempo y el desarrollo futuro de la sexualidad juvenil.