Enseñar a amar
Ante la situación actual en este campo, “quejarnos no sirve
para nada, tenemos que convertirnos en agentes activos de cambio,
‘dar envidia’ a los demás de nuestro modelo de familia,
que es el natural, y que nos hace más felices
que el resto de la gente”. De hecho, el sacramento
del matrimonio supone elevar a lo sobrenatural una realidad que
ya es natural.
“Por eso
tenemos que enseñar a cambiar de actitud, a vivir el
sentido verdadero de la sexualidad, y el noviazgo como el
período para aprender a amar”, explicó. Hoy, señaló Hertfelder, hay
un “falso sentido de la felicidad: por un lado, se
confunde la felicidad con el placer, y por otro lado,
se busca el tener antes que el ser. Hay una
búsqueda frenética”.
De ahí que
“se ha desvirtuado el fin y el sentido de la
sexualidad, se ha descontextualizado al separarla del matrimonio, y al
desvincularla también de la procreación”. A nuestros jóvenes, por eso,
“no tenemos que darles educación sexual, sino enseñarles a amar”.
También constató que “se ha sexualizado todo, incluso la publicidad”.
Hoy se da un nuevo
ritual, que la ponente resumió así: “lo primero es ‘enrollarse’;
lo segundo es ‘dejarlo’, siendo la ruptura una experiencia de
aprendizaje; después se dan ‘comprobaciones regulares’, volver a quedar y
tener esporádicamente relaciones sexuales; y el ‘somos amigos’, que se
mide por el índice de relaciones con mis ‘ex’, dejando
de lado el compromiso, que es muy exigente. Uno usa
su sexualidad como le apetece, sin ningún tipo de compromiso”.
Ante esta situación, hay que
“educar y cambiar las actitudes. La actitud es la predisposición
a dar un tipo de respuesta”. Y esta educación de
las actitudes tiene tres componentes: el cognitivo, el afectivo y
el de la conducta. Hay que plantear la búsqueda de
la verdad, del bien y de la belleza, y enseñar
que “la felicidad es una elección, y no una suerte.
Ser feliz se elige, y tiene que aprenderse. Tenemos el
deber de ser felices; no podemos plantearnos el noviazgo o
la relación interpersonal como mero sacrificio o resignación, sino que
debemos aspirar a ser felices, aunque estemos en una situación
desgraciada; aceptando activamente y convirtiéndome en agente de cambio, mediante
el cambio de actitud, sin quedarme en la resignación”.
“Si hubiera instintos, no habría libertad”,
señaló la profesora. Pero hay una ley natural, un “manual
de instrucciones” de la naturaleza humana. Por eso “la noción
del pecado no es un mecanismo represor, sino liberador; la
posibilidad de crecimiento y perfeccionamiento del hombre”. Por naturaleza, “el
hombre está hecho por amor y para amar, quiere tener
una familia, se pregunta por el sentido de la vida,
quiere ser feliz y busca a Dios”.
El proceso del noviazgo
Desde su experiencia en la terapia con muchos pacientes,
Cynthia Hertfelder afirmó que “mejorar la autoestima sólo tiene una
clave: aprender a amar a otro. Y necesito haber sido
amado para saber amar, saberme amado incondicionalmente por ser persona”.
Y es que “al yo se llega siempre a través
del tú, y en última instancia, para un creyente, desde
el Tú que es Dios, el único que me puede
amar de manera perfecta”. Y en este contexto, la profesora
destacó la importancia de la familia, que es el lugar
donde se puede vivir esto, donde uno es amado incondicionalmente.
Cuando dos personas se gustan,
“comienza un ejercicio de conocer al otro y dejarse conocer:
saber sus creencias, hablar de los temas fundamentales, conocer el
carácter propio y del otro, construir una amistad sólida como
base de apoyo, aprender a respetar al otro y a
uno mismo, hacer proyectos, conocer bien las circunstancias personales, aprender
a expresar la afectividad, a perdonar y perdonarse, a dar,
a dejarse amar, a recibir…”.
Hay que tener en cuenta que la sexualidad femenina y
masculina son diferentes, con reacciones y procesos biológicos y psicológicos
distintos. Para Hertfelder “la relación sexual tiene un valor vinculante
muy fuerte e impide, si no se ha consolidado antes,
el logro de una verdadera amistad, respeto al otro, exigencia
a uno mismo y autocontrol”. Además, “la relación sexual no
aporta un mayor conocimiento del otro, si no va ligada
al compromiso de amor y donación”. De hecho, “las parejas
que han tenido relaciones sexuales sin un compromiso real incondicional
de entrega, tienen una mayor probabilidad de fracaso matrimonial, si
se llegara a este punto. Algo que dice la ley
natural, y que ahora muestran los estudios estadísticos”. La complementariedad
sexual y la fecundidad son un bien del matrimonio, porque
implica la aceptación incondicional del otro, como varón o mujer,
con capacidad de dar vida.
Las emociones y el amor
No se puede basar el amor únicamente en el gusto,
en lo emocional, en la satisfacción del apetito. La sexualidad
no está para eso, porque se quedaría “en una satisfacción
del yo”. El amor se vive con pasión, se siente
como placer, y esto es automático. De aquí tenemos que
dar el salto, en un proceso voluntario, a pasarlo por
la inteligencia. Entonces, “lo que era pura emoción pasa a
ser sentimiento, que ya tiene una menor intensidad, un bajo
o nulo componente somático, y una larga duración que depende
de la voluntad, debo querer seguir queriendo a esa persona”.
Por eso “puedo estar enamorada
de mi marido toda mi vida, si quiero”. Se pasa
al “amor tranquilo, en el que lo importante es el
tú, no el yo; es un amor donación, con una
felicidad que no se siente, sino que se sabe”. Sobre
el sentimiento de placer surge un amor como apreciación, que
se vive con pasión, y basándolo en la amistad, se
establece el noviazgo, que supone la entrega de la humanidad.
“Y el matrimonio es algo de ley natural, y vale
tanto el de un no cristiano que no lo celebre
como sacramento, como el mío, que estoy casada por la
Iglesia”.
La concepción que algunos
tienen del “débito conyugal” es falsa, como un deber de
la mujer para con su marido. Su verdadero sentido es
éste, según explicó Hertfelder: “tienes el deber de amar al
marido, y el marido de amarte a ti, y esto
supondrá que a veces tengáis relaciones y otras no, por
el bien del otro; entregarme al otro, no ser sujeto
pasivo del acto sexual, sino agente activo de comunicación”.
“Todo esto no es un invento
de los católicos para fastidiar a la gente, sino que
es algo propio de la ley natural, que nos hace
humanos, y quiere el bien de la pareja y de
los hijos”, señaló. “Hay que enseñar a la gente a
vivir la sexualidad como algo positivo, no como un pecado.
Es pecado cuando se utiliza contra la naturaleza del hombre,
pero no por cuestión religiosa, sino porque va contra la
ley natural”.
Cynthia Hertfelder concluyó
su ponencia recitando un poema de Pedro Salinas, en el
que se dice: “quiero sacar de ti tu mejor tú”,
señalando que ésa es la función del noviazgo. “Esto empieza
en el noviazgo, y ha de continuar en la vida
matrimonial”.
Sobre la ponente
Cynthia Hertfelder, casada y madre de
tres hijas, es licenciada en Filosofía y Ciencias de la
Educación, diplomada en Orientación Familiar y máster en Asesoramiento Educativo
Familiar, además de tener estudios de Psicología y Pedagogía. Trabaja
en el Centro Universitario Villanueva, adscrito a la Universidad Complutense
de Madrid, donde es profesora del Máster en Asesoramiento Educativo
Familiar (tanto en España como en Iberoamérica) y de varias
asignaturas de Psicopedagogía.
Ha sido
directora académica de un centro canario adscrito a la Universidad
de Gales, ha impartido cursos y programas de Formación de
Formadores y Directivos, ha sido profesora e investigadora en la
UNED, y asesora pedagógica de la revista Hacer Familia y
de las editoriales SM, Bruño y Rialp. Ha sido vicepresidenta
del Instituto de Educación y Asesoramiento Familiar. Actualmente tiene un
Gabinete propio de asesoramiento familiar y matrimonial.
Link: http://www.zamoradigital.net/?p=4229