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| Saltan de la cuna a la adultez
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| (Por María Luisa Medellín, El Norte,
2011-10-31)
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Leticia lleva el cabello planchado y
con mechones rubios. Viste un top rosa, minifalda a la
cadera, de tablones, en cuadros grises, mallas blancas hasta los
muslos y encima unas rosadas, a la rodilla.
En el cinto de la falda lleva un celular plateado.
La sombra azul de los párpados destaca sus ojos color
miel, y un brillo transparente, la boca. Omar, pantalón
holgado de encuarte a la rodilla, camiseta extra large, chaleco,
tenis y gorra con visera hacia la nuca, le rodea
los hombros con su brazo, y de cuando en cuando
comparte con ella un cigarrillo. Hoy no le prestaron
el carro para encontrarse con su novia, su mamá lo
trajo a este centro comercial de Valle Oriente. Leticia
y Omar tienen 12 y 13 años, respectivamente, e igual
que otros menores, van por la vida como adultos chiquitos.
Los padres de Leticia ignoran que tiene novio, a
los de Omar les parece "cool" y hablan de su
noviazgo como de un juego, aunque Omar aclara estar muy
enamorado de Leticia. Cada viernes, los adolescentes se ven
de las cuatro de la tarde que los deja su
mamá, a las 9 de la noche, que los recoge.
Si él trae carro se alejan a dar una vuelta
sin que nadie los moleste. No tiene licencia de
conducir, pero su papá le permite manejar un Mondeo 2003,
de la familia. Aunque los accidentes automovilísticos son la
primera causa de muerte entre los jóvenes, algunos padres sostienen
que sus hijos están capacitados para conducir, no desde los
15 ó 16 años, sino desde los 11 ó 12.
Como Omar, muchos van por las avenidas sin licencia,
ya que en Garza García sólo han expedido 278 en
el año, a jóvenes de 16, y credenciales, renovables por
trimestre, a 347 muchachos de 15. En ambos casos con
carta responsiva firmada por el padre. En Monterrey, de
agosto a noviembre van 701 licencias para chicos de 16
años cumplidos. Cerca de las 9, Omar deja a
Leticia cerca de la puerta, donde se reúne con sus
amigas a esperar que vengan por ella, y él regresa
a San Pedro para seguir la fiesta. Entre risas
ahogadas, cuentan que los guardias los corrieron una vez del
estacionamiento por sorprenderlos "muy románticos" en el coche. "Mi
mamá ni enterada. Me trae aquí, lleva a mi hermanito
al entrenamiento de futbol, después lo deja en la casa
con la muchacha, se va con sus amigas a tomar
café, y se ponen de acuerdo para ver quién nos
recoge porque mis amigas son hijas de las amigas de
mi mamá", relata Leticia. "Aquí traigo mi celular por
si necesito algo. Desde que estaba en cuarto me compraron
el primero, para las emergencias, ¿verdad?". Entre semana, Omar
y Leticia se comunican vía telefónica. Ella cursa primero de
secundaria en un colegio exclusivo para niñas, y él, segundo,
en uno de varones. Sus tardes las ocupan tareas y
clases extras. Viven a cuadras de distancia, y se
hicieron novios en el cumpleaños de una amiga hace dos
meses. Fue un baile de sábado por la noche, sin
la presencia de los padres. "¡Es que ya no
somos niños!", responde indignada a las preguntas: ¿un baile por
la noche?, ¿y no estaban los papás de tu amiga?
El salto de la cuna a la adultez es
la tendencia mundial, pero los padres no respaldan ese crecimiento
acelerado con bases para enfrentar los retos a que los
exponen, advierte el investigador y catedrático de la UDEM, Jesús
Amaya Guerra. Los papás inmersos en esta corriente son,
por lo regular, profesionistas deseosos de que sus hijos vayan
acorde a la modernidad, que implica copiar modelos extranjeros, una
independencia temprana y altas expectativas en su desarrollo académico y
social. El especialista en Educación, en el área Cognitiva
y de Aprendizaje, dice que estos padres presionan a los
colegios para modificar sus contenidos, y a los tres años,
sus pequeños llevan matemáticas, computación, lectura e inglés, en una
etapa en que lo deseable serían los juegos, las rimas
y el desarrollo de su coordinación motriz. Desde chicos les
programan una agenda social y de clases extra, que si
bien aporta conocimientos, habilidades y capacidad de expresión, en exceso
crea niños estresados y apáticos. "Para los 10 ó
12 años los dejan solos en casa, en fiestas de
tarde o noche, en plazas comerciales, y ya inician los
noviazgos. Se les da todo y no se les exige
nada", señala Amaya Guerra. "Son una generación de nido
vacío, los papás trabajan, o la cabeza de familia es
una mujer sola, soltera o divorciada, o una ama de
casa con su agenda social". En un estudio elaborado por
el catedrático entre madres jóvenes, quedó de manifiesto su mayor
ansiedad para educar a los hijos. "Expresan que es
una friega ser mamá", comparte Amaya Guerra, "los hijos no
las obedecen y piensan que entre menos tiempo pasen juntos,
menos serán las fricciones". Los niños y adolescentes de hoy
están más informados y despiertos, pero no necesariamente maduros, urge
sobre ellos mayor disciplina, responsabilidades y supervisión. "Los papás
los dejan hacer lo que quieren, desde vestir sexy a
las niñas de 10, 11 años, hasta llegar a casa
a medianoche, fumar, y andar solos; no los estamos haciendo
madurar en sus responsabilidades". La excesiva permisividad ya se refleja
en las estadísticas del sector salud nuevoleonés. De tres embarazos,
uno es en adolescentes, y de los mil 500 casos
anuales de drogadicción, un 12 por ciento se encuentra entre
menores de 14 años. Un fenómeno similar se observa
en el consumo de cigarros y alcohol. Inician entre los
10 y 14 años, incluyendo cada vez más a las
jovencitas. Juan José Roque Segovia, coordinador del Programa Estatal
de Prevención y Control de Adicciones de la Secretaría de
Salud, insiste en que la asociación de estos productos al
reconocimiento del grupo, sumado a que mamá y papá fuman
y toman, hace que los menores piensen que es una
práctica glamorosa. "Es momento de que los padres sean
centinelas", expresa Amaya Guerra, "que formen, disciplinen y orienten, de
lo contrario estos muchachos empezarán a vivir una eterna adolescencia
desde los 20, hasta los 30 ó 40 años, acostumbrados
a no afrontar responsabilidades y a sentir que todo lo
merecen". Desde hace un año, Leticia visita regularmente el salón
de belleza para el retoque de las luces, manicure, pedicure,
depilación y peinado. Los estilistas Luis Iván y Eliza
Cantú dicen que buena parte de su clientela incluye adolescentes
entre 12 y 15 años, que acuden con su mamá
para tener un look a la Britney Spears o Christina
Aguilera, hasta con uso de extensiones y maquillaje. Los
programas televisivos, anuncios y películas para púberes impulsan el que
las niñas luzcan atractivas y que haya un interés por
el sexo opuesto a muy corta edad, menciona la asesora
en desarrollo humano y sexualidad, Blanca Villalonga de Jaime. Así lo percibe en cursos y conferencias para adolescentes, donde
preguntas y comentarios harían irse de espaldas a muchos padres.
"Una chica de segundo de secundaria me dijo que
su novio le pidió tener relaciones, y por eso decidió
tomar un curso de educación sexual. "Fíjate, me contó,
´mi mamá me deja tener novio, y nada más me
dice: cuídate, yo sé que no eres tonta, pero no
me dice con qué, si con pastillas anticonceptivas, o condón´...
"¿No piensas que tu mamá quiere decir: abstente y
haz que tu novio respete tu cuerpo? Y la muchacha
asombrada, me respondió: ¿Tú crees?". Villalonga de Jaime platica
que si las jovencitas llegan a segundo de secundaria sin
pareja, las más "adelantadas" las califican de "loosers" (fracasadas), y
una de las "soluciones" que los muchachos proponen para evitar
embarazos es la práctica del sexo oral. Los oídos
y ojos infantiles encuentran por televisión imágenes de mujeres semidesnudas
y escenas con contenido sexual. "No existe ahora brecha
generacional, sin embargo, los papás no hablan con sus hijos.
Les pregunto a los muchachos cuántas horas ven la tele,
y me contestan cinco o siete horas, y cuando les
digo, cuánto tiempo hablan con sus papás, me dicen: ´pues
casi nunca´". Villalonga de Jaime menciona que los padres deben
prepararse para responder sus inquietudes y reforzar lo básico: saber
quiénes son sus amigos, dónde están, qué hacen, y no
creer que con darles un celular están protegidos y supervisados.
Hay mamás que dejan a sus hijas solas en
los centros comerciales, pero algún adulto puede abordarlas y convencerlas,
por su falta de madurez, de llevárselas a algún lugar
y dañarlas. "Que tengan novio tan pronto, tampoco es
conveniente. Si esa relación termina puede causarles depresión, y tal
vez no sepan cómo manejarla. Se han dado casos de
trastornos mayores o incluso suicidios, porque a esa edad pueden
magnificar esas pérdidas". Omar cuenta que sus papás son muy
alivianados, y lo dejan ir a las fiestas de sus
amigos, aunque acaben en la madrugada. "Confían en mí,
y no les digo mucho de lo que pasa para
que me sigan dejando ir. Mis amigos no son alocados,
pero a veces llegan unos más grandes que sacan botellas
del bar de su papá. "Yo sí tomo. No
le entro es a la droga, eso es más ´heavy´,
porque sí te la ofrecen". Como él, unos 200 mil
jóvenes consumen alcohol en distinta medida, cada fin de semana,
revelan cifras de la Secretaría de Salud. "Pero no
me pongo hasta el queso", aclara, "porque cuando voy a
llegar tarde a la casa mi papá me insiste en
que me lleve el carro".
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