El ser humano y los animales
(Por Mujer Nueva, , 2008-07-15)
1. La inteligencia, facultad del espíritu humano, es propia del ser humano y no de los animales. El ser humano es el animal con menos posibilidades naturales en su organismo para sobrevivir. Su biología le ha negado herramientas importantes de supervivencia: piel gruesa y con abundante pelo para la protección del frío, garras, colmillos para desgarrar, velocidad al correr, vista aguda, fuerza muscular, gran tamaño. Y curiosamente, es el único animal que habita en los cinco continentes, que ha vencido las condiciones climáticas adversas y además domina en buena parte a las otras especies y el mundo natural. ¿Por qué? ¿Cómo? Es el único que posee una herramienta extraordinaria: la inteligencia. Y esta inteligencia le ha convertido en un ser “cultural1”. La creación de cultura ha sido el factor determinante para la supervivencia humana.

2. El progreso humano no se da en ninguna otra especie animal. El animal “aprende” conductas elementales a base de castigo-compensación, pero no lo puede trasmitir a los otros individuos de la especie, ni a sus descendientes. El ser humano aprende y lo transmite creando una tradición.

La forma tan perfecta en que las abejas construyen las celdas ya fue descrita por los egipcios en el siglo IV antes de Cristo, pero en estos 24 siglos las abejas no han variado, ni mejorado, ni progresado en la forma de hacer sus celdas. En el mundo animal no existe progreso, porque no hay aprendizaje, ni transmisión del mismo.

3. Las diferencias en la conducta animal y la humana. La conducta animal está regida por instintos 2. y la conducta humana, aunque siente una fuerte tendencia por parte de ellos, no está determinada por los instintos. El ser humano es capaz de “no obedecerlos”, y actuar libremente.

Características de la conducta instintiva:
a. Innata: no se aprende, sino que se ejecuta de forma espontánea.
b. Estereotipada: sigue unas pautas fijas de acción, invariables.
c. Específica: compartida por todo los miembros de la especie.
d. Compleja: se reduce siempre a una cadena de reflejos.
e. Irreflexiva: desconoce su finalidad.
f. Externa (hacia fuera): actúa de acuerdo a estímulos externos, no nace de un deseo interior del animal.

Los instintos se ordenan por una parte a la conservación de la vida (instinto de conservación, de nutrición y de defensa); y por otra parte a conservar la especie (instinto sexual).

El ser humano es un ser que está por encima de la dictadura de los instintos. En él, la satisfacción de los mismos exige el uso de su inteligencia y voluntad. Si el ser humano no controla sus instintos por medio de la razón, no los controla de ninguna forma; entonces estos se hacen “desmesurados”, cosa que no sucede en los animales. Llegan a dañarle a él y a los otros. En ninguna especie animal se da este comportamiento.

4. La diferencia en la forma de sentir. El animal siente y reacciona ante el dolor y evita instintivamente aquello que lo causa; el hombre, no sólo siente el dolor sino que sufre, y es capaz, al contrario que el animal, de elegirlo. Además, en el ser humano el sufrimiento es una experiencia interior, que puede nacer de sí mismo y toca su intimidad. Lo que realmente marca la diferencia es la subjetividad. Ningún estudio neurobiológico ha podido dar cuenta de ella 3”.. La subjetividad es la experiencia real de la dimensión interior y personal por la que cada ser humano se descubre como alguien, como un sujeto real, único, que piensa, quiere y siente. Es la experiencia intransferible del “yo personal”.

1 Definimos cultura como el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo intelectual, artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

2 Conjunto de pautas de reacción que, en los animales, contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie. Instinto reproductor.

3 Thomas Angel, filósofo americano, comentaba ya hace tiempo “las teorías neurobiológicas de la conciencia presentan una laguna importante: la de no poder explicar el aspecto interior, subjetivo, de “la vida del espíritu”.
 
 
 
     
 
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