La ONU y su familia
(Por Marta Rodríguez, Mujer Nueva, 2000-10-18)
“La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”, (artículo 16.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, diciembre de 1948)

“La familia es la célula fundamental de la sociedad”, (artículo 16 de la Carta Social Europea, 1961)

“La familia permanece como célula fundamental de nuestra sociedad y tiene derecho, por este título, a una protección general y a un amplio apoyo”, (Conferencia de El Cairo, 1994)

No hay que dudar que la familia ha sido, y continúa siendo, uno de los epicentros de la política internacional. La ONU le ha prestado siempre una atención privilegiada, consciente de que constituye la célula primera de la sociedad.

Desde 1994, esta atención está tomando una serie de matices radicalmente nuevos. Asistimos así a una redefinición de los conceptos básicos que la atañen, y que conducen a una verdadera metamorfosis de la sociedad y del mundo. ¿Exageraciones? Piense cuáles han sido hasta ahora los pilares de la familia. Tal vez pasen por su mente la unión de los cónyuges y la de éstos con los hijos. Hoy ambos aspectos se han puesto en tela de juicio:

Los hijos: Se perfila una nueva concepción de la paternidad en la que los hijos han dejado de ser un bien que hay que defender a toda costa. Comenzando por la exclusión de la palabra “madre” en los documentos oficiales de la ONU, que ha sido sustituida por “mujer”, así como “gestación” por “reproducción”. ¿Qué hay detrás de esto? Una de las respuestas es esa política antinatalista que hoy parece permear y dirigir toda acción emprendida por las Naciones Unidas.

Desde la conferencia de El Cairo sobre Población y Desarrollo, en 1994, se ha ido definiendo y fortaleciendo una fuerte campaña de control de la población, en aras de una mayor libertad de la mujer y del bienestar económico de la sociedad. El gran esfuerzo ha sido posible gracias a las millonarias inversiones de capital privado. En 1992, el entonces director del Banco Mundial, Lewis Preston, declaraba que “haría las inversiones necesarias para una amplia reducción de la fecundidad” (29 de abril, Cumbre del Medio Ambiente de Río de Janeiro). Y así lo hicieron, como también el Population Council, o la Federación Internacional para la Planificación Familiar (IPPF), por citar otros organismos internacionales que proveen de fondos y apoyo a esta cruzada.

También instituciones de tipo estatal e internacional han impulsado y financiado directamente esta política. El ejemplo más actual lo tenemos en el informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Población, (FNUAP), que, tras un análisis que rebosa escalofriantes cifras de degradación de la mujer, propone casi como solución única el control de la población. El informe completo se puede visitar en la dirección de internet: http://www.unfpa.org/swp/2000/espanol en lengua española, y en lengua inglesa se encuentra en http://www.UnitedNationsPopulationFund.

Además de las enormes inversiones anti-hijos, (parece que los hijos se han convertido en los culpables todos los males que sufre la humanidad), no pueden dejar de sorprendernos las despectivas declaraciones de ciertas organizaciones no gubernamentales, que desempeñan un papel muy activo en la ONU y a veces marcan su rumbo de manera determinante. Así, portavoces de la ONG Catholics for a Free Choice se han referido a la familia como “ese campo de concentración de la mujer”. Existen otras citas ilustrativas de este pensamiento: “La familia nos da las primeras lecciones de ideología de la clase dominante…” (Christine Riddiough, “Socialism, Femenism, and Gay / Lesbian Liberation”) “… las feministas deben hallar medios de apoyo para que la mujer identifique sus intereses con los de la mujer, antes que con sus deberes personales hacia el hombre en el contexto de la familia”. (Ann Ferguson & Nancy Folbre, “The Unhappy Marriage of Patriarch and Capitalism”, Women and Revolution pag. 80)

Vemos pues, que los hijos están perdiendo puntos, y se alejan ya del lugar privilegiado que les otorgaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Carol Bellamy, director ejecutivo de UNICEF, declaró en su día que “un siglo que comenzó sin reconocer prácticamente derecho alguno a los niños, termina con el más poderoso instrumento legal que no sólo los reconoce, sino que protege sus derechos humanos”. Reconozcamos con tristeza que este buen deseo ha dejado de inspirar la política actual. ¿Repercutirá en el bien de la familia? Algunos en la ONU dicen que sí. Pero tal vez sea distinta la opinión de los bebés que agonizan en los cubos de basura de las clínicas abortistas.

Familia y matrimonio. Es otro de los puntos candentes. La nueva definición de familia propuesta en la ONU representa una innovación de amplísimo alcance: “familia es una entidad viva entre cuyos miembros, de diferentes edades y generaciones, se establecen relaciones dinámicas”. Así, la edad se convierte en la única nota distintiva entre los miembros de una familia, que ha dejado de tener como fundamento propio el compromiso entre los esposos. (La página web www.un.org/esa/socdev/family/IntObs recoge la actualidad de la redefinición de la familia por la ONU).

El nuevo concepto abre la puerta a las familias formadas por parejas homosexuales o pluriparentales. Las posibilidades son infinitas, y quedan al gusto, imaginación y creatividad del consumidor.

Podríamos seguir citando “matices” de la nueva concepción de familia, pero creo que los dos aspectos anteriores nos permiten sacar una conclusión: la política familiar de la ONU supone un ataque frontal a los que hasta ahora han sido sus fundamentos, que contradice y destruye. Traiciona, digámoslo una vez más, el espíritu que la engendró. Puede que para algunos movimientos que se creen feministas esto suponga un progreso. Otros, creo que con algo más de sentido común y seguramente menos intereses económicos, pensamos que la desintegración de la familia significa la muerte de la sociedad.
 
 
 
     
 
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